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Djalminha y Javier Irureta; anatomía de un cabezazo

Hoy se cumplen 16 años del archiconocido cabezazo de Djalminha al técnico Javier Irureta en un entrenamiento. Estas son las razones, causas y consecuencias de un hecho que marcó la carrera deportiva del mediapunta brasileño

La Voz de Galicia

La figura de Djalminha jamás se entendería sin sus sombras. Con el paso de los años, los recuerdos que prevalecen de manera selectiva son los de muchas de las grandes genialidades que el brasileño dejó sobre el campo, adheridas todas ellas a la mejor época de la historia del Dépor. El talento de Djalminha era inabordable, deslumbrante, sin duda uno de los mejores jugadores que ha pasado por la entidad deportivista en toda su historia, pero como todo genio Djalma tenía sus sombras y en su caso especialmente oscuras, unas sombras que en muchos casos sobrepasaron su enorme caudal de fútbol. Lo que ocurrió aquel 1 de mayo en Acea de Ama fue seguramente el mayor borrón de toda su carrera.

El hecho fue tan simple como repulsivo. Djalminha propinó un cabezazo al entrenador del Deportivo, Javier Irureta, en mitad de un entrenamiento. En una imagen inaudita, el brasileño fue el protagonista de una acción que dio la vuelta al mundo y que acabó costándole muy caro.

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Todo ocurrió en la antigua ciudad deportiva del Dépor, en Acea de Ama. En pleno partidillo de entrenamiento, el entonces segundo técnico Paco Melo, quien actuaba de árbitro, pasó por alto un penalti sobre Djalminha y pitó otro, instantes después, en contra del equipo en el que jugaba el brasileño. Visiblemente molesto, Djalma protestaba de manera continuada sin permitir a Makaay ejecutar el penalti que se había pitado, sus compañeros intentaban calmarlo pero él no desistía: «Si antes me equivoqué lo siento, pero ahora sí que era penalti... Deja que lo tire», le rogaba el propio Paco Melo. Djalminha, lejos de calmarse, evitaba una y otra vez que Makaay ejecutase el penalti golpeando hasta seis veces el esférico para boicotear la acción. La tensión iba en aumento y el jugador incluso apartaba a Fran y otros compañeros que intentaban hacerle entrar en razón: «Vamos Djalma, que siempre tienes que hacer el numerito», le espetó el segundo entrenador, ya muy molesto. Vista la situación, Jabo Irureta, que hasta entonces contemplaba la escena desde la lejanía decidió intervenir: «A la caseta», exclamó sin reparos al brasileño. Ahí llegó la negación de Djalminha, que se encaró con el técnico vasco y le propinó un bochornoso cabezazo. Rápido acudieron varios jugadores y miembros del cuerpo técnico a separar al jugador.

Las imágenes se reprodujeron en todo el mundo. Detrás de ese injustificable cabezazo estaba la rabia de un Djalminha que estaba ante su peor temporada en el Deportivo. Juan Carlos Valerón le había desbancado de la titularidad a base de actuaciones prodigiosas, su papel en el equipo había pasado a ser secundario y como telón de fondo estaba el Mundial de Corea y Japón con Brasil como principal candidato al título.

Lejos de lo que se pueda pensar, tanto Irureta como el Dépor pasaron de puntillas por todo este asunto. No hubo multa disciplinaria ni económica para el jugador, de hecho, al día siguiente Djalminha se ejercitó con total normalidad con el equipo, como si nada hubiera pasado. El jugador pidió perdón a sus compañeros en rueda de prensa, pero no así a Jabo Irureta, quien se limitó a explicar que había recibido las disculpas del jugador en privado. La directiva del club se desentendió del asunto y dejó en manos de los técnicos el castigo al jugador. Conclusión: Djalminha llegó incluso a ser convocado para el partido de ese fin de semana ante el Betis y tuvo minutos en la última jornada ante el Real Madrid, así que ni a nivel disciplinario ni económico, ni deportivo el asunto tuvo ninguna consecuencia para el futbolista.

Sin embargo, a largo plazo el cabezazo le costó muy caro al jugador. Unas semanas después, Luiz Felipe Scolari dejaba a Djalminha fuera de la gran cita futbolística del año, el Mundial de Corea y Japón 2002. La prensa brasileña, que se había hecho eco del cabezazo de Djalminha, bromeaba entonces con que al seleccionador de la canarinha le quedaban dos opciones, dejar al jugador del Dépor fuera del Mundial o acudir a los entrenamientos con un casco de motociclista. Djalma se perdió la cita mundialista y, por ende, se perdió ser campeón del mundo en un Mundial en el que Brasil se coronó pentacampeona.

Pero además del Mundial, el cabezazo provocó la salida de Djalminha del Dépor. Ese verano de 2002 el club blanquiazul cedía al brasileño al Austria Viena una temporada, una extraña cesión por una temporada en la que el jugador solo jugaría diez partidos en la Bundesliga austríaca. Aunque volvió al Dépor en el año 2003-2004, el cabezazo fue el claro inicio del final de la etapa del mediapunta en A Coruña.

La gran mancha de su carrera, un cabezazo y una imagen impropia de un jugador que sobre el césped engrandecía la belleza más plástica del fútbol espectáculo. Un talento irredente que mostró su peor cara aquella mañana en Acea de Ama. La explicación más simple al asunto la ofreció Joaquín Sánchez, el actual capitán y emblema del Betis fue entrevistado por La Voz aquella semana de 2002 en la previa del duelo del Dépor ante los verdiblancos. Con su habitual sorna y gracejo, el entonces imberbe extremo gaditano, preguntado por el cabezazo de Djalminha, ofreció su particular visión y solución al asunto: «A Djalma se le bajarían los humos con una buena fiestita de Halloween». Amén.

 

Tags: Hemeroteca Deportivo Javier Irureta Deportivo
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