La Voz de Galicia

Lo que no se aprende en el cole

Sociedad

maría cuadrado

En la Cruz Roja crece la lista de espera para el programa de apoyo escolar, para todas aquellas personas que no pueden pagar las clases de ayuda a sus hijos

20 Apr 2012. Actualizado a las 11:32 h.

A las cuatro de la tarde abren la puerta para los más puntuales. Saben que dentro encontrarán a Rebeca, a Marta o a Sonia, y que no se marcharán a casa sin resolver las dudas de los deberes. Hay confianza de varios años, aunque este último ya no son solo alumnos inmigrantes los que demandan ser beneficiarios del programa de refuerzo escolar de la Cruz Roja en Burela. La crisis llama a todas las puertas y en el último año se ha disparado la demanda de plazas para un servicio gratuito, que se mantiene gracias a la generosidad del voluntariado.

Es lunes por la tarde. Rebeca Casas atiende al primer turno, once escolares de infantil y primaria, principalmente. Suman y restan, les ayuda a entender los problemas, con el inglés y la lectura. Los voluntarios hacen un seguimiento de cada uno de los casi medio centenar de alumnos e intercambian impresiones con los colegios. Las clases son gratis para las familias, pero tres faltas injustificadas causan baja. Hay mucha lista de espera y hay que priorizar la necesidad real; la demanda obligó a duplicar los días de clase, que ahora se imparten de lunes a jueves, de 16.00 a 18.00 horas.

A las cinco en punto entra el segundo turno. Llegan cargados con mochilas, sonrientes. Son trece y vienen dispuestos a esforzarse en aquellas materias en las que van peor en el cole. Rebeca y Marta Blanco organizan la clase, saben qué le cuesta más a Eric y dónde flojea Belén. Aunque no hace frío en el local, alguno ni quita la cazadora; solo el estuche con un gran logo del Barça. Una hora por delante para los deberes.

Dos pequeñas se divierten con la cartulina y el pegamento. Parecen muy entretenidas. No estudian, se entretienen. Esperan a que su hermano haga la tarea para regresar a casa. «Mentres están aquí non andan facendo outras cousas pola rúa», aclara Rebeca, educadora social, integradora social y máster en dependencia y gestión de servicios sociales. Es el prototipo de una generación culta, preparada y generosa con los más castigados por la crisis económica.

Animación hospitalaria

El tiempo es valioso y no se puede desaprovechar. Además de hacer la tarea, preparan material para que los alumnos dediquen más tiempo a las asignaturas que se les atragantan. En otro extremo de la clase está Marta, que estudió Trabajo Social. Se hizo voluntaria de la Cruz Roja en octubre y, desde entonces, no para. Se siente recompensada cada día que ayuda con los deberes y también cada tarde que acude al Hospital da Costa para entretener con juegos y manualidades a los niños que están internados. El programa de animación hospitalaria lo implantaron este curso; van martes y jueves de 18 a 19.30 horas. El currículo de Marta también refleja su experiencia como voluntaria en la residencia de mayores de Burela.

Y allí siguen, en el aula de Cruz Roja con vistas al puerto de Burela, a escasos metros del local A Moncloa, donde los jubilados del mar intentan cada tarde arreglar el mundo.

EN La Cruz Roja, en Burela UN Lunes DE 16.50 a 17.50 horas


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