La Voz de Galicia

EN LOS ORÍGENES DE LA MODERNIDAD

Santiago

31 Dec 2011. Actualizado a las 06:00 h.

Varias generaciones poéticas han renegado de su valor, el debate no ha menguado, aunque el olvido castigue sus versos, pero hoy son muchos en la lírica española los que regresan a él en busca de caminos novedosos. Juan Ramón Jiménez -el poeta renovador por descubrir- sentía aprecio por él, García Lorca lo percibe como «uno de los grandes creadores del lenguaje poético», José Hierro lo reivindicó como el vate que cambió el rumbo de las letras, también Aleixandre o Umbral? Cernuda deploraba su clasicidad, las vanguardias fueron ambiguas, Lezama Lima habla de «suntuosa ruina» y pocos le hicieron tanto daño como Octavio Paz, que, tras considerar «central» su lugar en la literatura latinoamericana, como referencia, entiende que es una de esas «glorias apolilladas», propias de los museos de historia nacional, una poesía envejecida, vacua. «Darío tiene poco que decir y su pobreza se reviste de oropel», remacha.

A cuenta de estas disputas -y a cierto ombliguismo- a este lado del Atlántico Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916) ha sido depuesto con frecuencia como patriarca de la modernidad poética en favor de Bécquer.

En este fuego cruzado, de nulo provecho, nada como Borges -verdadero inventor del canon- para enmendar y devolver a su sitio a este malabarista de la palabra. Así, llegó a decir en 1930 que Rubén Darío «amuebló a mansalva sus versos con el Petit Larousse», afirmación que no eliminó de su obra para mortificarse por haber escrito «estas impertinencias» y que contrasta con sus ideas en 1967, cuando admitió: «Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos». El genio argentino concluye que el nicaragüense «todo lo renovó», la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Ahora la Biblioteca Castro, en el bicentenario de las independencias de América, con esta excelente edición, nos brinda con acierto la oportunidad de volver sobre él con la mirada limpia, abierta, global, sin prejuicios. Y no debe desaprovecharse tal oportunidad.


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