La Voz de Galicia

En silencio ante la catedral

Santiago

Míriam F. Louzao santiago

12 Aug 2004. Actualizado a las 07:00 h.

Quedarse sin palabras. La primera vista de la catedral siempre impacta y hay reacciones para todos los gustos. Una de sus panorámicas más bonitas es la que hay asomándose a A Quintana por delante de la iglesia de San Paio. Precisamente, esa fue la entrada que eligieron Sonia y David, novios desde hace dos años. Bajaron las escaleras y, al torcer la esquina, se encontraron con la catedral ante ellos. «¡Qué grande es!», exclamó David. A lo que Sonia, entre enfadada y divertida, contestó: «Llegamos por fin aquí y lo único que se te ocurre, ¿es decir eso?». Quedarse sin palabras es lo que le sucede a la mayoría. Entre el cansancio y la emoción, lo único que hacen es mirar, atónitos, hacia el templo. Señalándolo con la cabeza, David dice muy despacio: «¿Y qué puedo decir de esto que sea mejor que el silencio?». Solo en los soportales. En silencio y observando también estaba Andeko. Sentado en los soportales de la praza de Praterías, solo y pensativo, miraba la gente que pasaba. Andeko, bilbaíno, llegó ayer a Compostela andando desde Pedrafita do Cebreiro. Aunque venía con dos amigos, Mikel y Javier, pasó la mañana solo, ya que ellos se fueron a buscar un sitio donde dormir. Él, sin embargo, no podía quedarse a pasar la noche, así que se quedo allí, sentado, descansando en los soportales y recordando todos los paisajes que había visto en los últimos días que, para él, son lo mejor que tiene el Camino. Escribiendo postales. Los paisajes también son lo mejor del Camino para Cristina, que estaba también en los soportales de Praterías escribiendo postales para enviar a sus amigos. Cristina vino con su primo Albert y sus tíos Jordi e Isabel andando desde Sarria. La idea de emprender la ruta fue de Albert y su padre y luego le contagiaron a ellas la ilusión. Cristina y Albert están en los soportales mientras el matrimonio espera en la cola para recoger la compostela. Comentando la experiencia, Cristina recuerda que lo peor, para ella, fue la lluvia que les acompañó durante muchos días pero, sobre todo, en la última jornada de camino. Y en cuanto a lo mejor, los dos coinciden: «Cuando ibas caminando y te adentrabas en un bosque y empezaba a oler a eucalipto... Era genial», comentan. En bici. Casi todos los peregrinos coinciden en que una de las mejores cosas que te llevas de la experiencia, son las personas que conoces en la ruta. Gorka y Rubén están totalmente de acuerdo con esta afirmación. Estos dos amigos de Vitoria cogieron sus bicis y se lanzaron a la aventura con destino a Santiago. En Santo Domingo de la Calzada conocieron a Javi, de San Sebastián y, más adelante, en Atapuerca, a Javi, de Zaragoza. Y, así, los cuatro juntos siguieron en bici hasta llegar ayer a Santiago. Ahora se llevan como si fueran amigos de toda la vida y están planeando hacer otra vez el Camino desde Roncesvalles pero, esta vez, a pie. Respecto a la experiencia comentan: «En general, muy bien, pero nos gustó más el trayecto de Castilla y León que el de Galicia» y explican: «Es que en Galicia, las últimas noches, dormimos en el suelo y en Portomarín, lloviendo, tuvimos que pasar la noche en un pabellón sin paredes, con el agua que entraba por todos lados».


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