Mientras tanto, Alemania
Opinión
28 May 2014. Actualizado a las 10:40 h.
Nunca tanto se conjugó en España el verbo poder. Puede ser el fin del bipartidismo. Los resultados no pueden extrapolarse a otras elecciones. Ha podido perjudicar la abstención. Y podría haber sido peor. Pero, sobre todo, se ha repetido la primera persona plural del presente de indicativo. Podemos. Voto «populista» y «de una coincidencia enorme con Le Pen», dice Rosa Díez, esa líder tan alternativa que se marchó del PSOE porque no podía mandar. Voto «friki», asegura Pedro Arriola, ese gurú que tan bien gestionó la estrategia del Gobierno popular tras el 11-M. «Democracia de televisión», apunta Patxi López mientras que las carnes del PSOE se abren por unas primarias que Rubalcaba ofrece solo como postre. Para guinda, ese chascarrillo de que Pablo Iglesias usa un iPhone y compra ropa en Alcampo. Sin duda, no han calculado cuántos españoles se abastecen en la Milla de Oro y cuántos acuden a grandes superficies comerciales o incluso (oh, sacrilegio) a mercadillos sin aires bohemios. Lamentan todos que su mensaje no haya calado entre los ciudadanos. Hablan de las formas y no del fondo de la cuestión, del sistema de castas. No escuchan. Ni siquiera a sus bases. Da la sensación de que cuánto más ladren, más cabalgará Podemos. Tiene mérito esta UE, que logra enervar a los que estaban mal, como Grecia y España, a los que iban regular, como Francia, y a los que se presuntamente se encontraban bien, como Gran Bretaña y Dinamarca. Mientras Europa cruje y se revuelve, Merkel está tan tranquila, gobernando sin sobresaltos con los socialdemócratas, a los que superó en ocho puntos en los comicios del domingo, con su economía creciendo y con su país financiándose a precio de ganga. Mientras tanto, Alemania.