La Voz de Galicia

Gratitud frágil

Opinión

Xosé Ameixeiras

28 Mar 2014. Actualizado a las 07:00 h.

El mundo es un escenario de atrocidades. Hay días que semeja un campo de entrenamiento de la maldad, con el exterminio del contrario como primer objetivo. No son necesarios terremotos, tsunamis ni erupciones volcánicas para que calles, plazas o campos se tiñan de sangre inocente. La paz, la libertad y la justicia son muy frágiles. Suele costar muchas vidas construirlas, pero se derrumban como torres de papel. Resulta deprimente ver cómo se lamina la labor de generaciones enteras por el bien de la humanidad o cómo el esfuerzo de los científicos se diluye ante manifestaciones de altos clérigos musulmanes asegurando que el Sol gira alrededor de la Tierra. O cuando el primer ministro de Irak quiere autorizar el matrimonio con niñas. O el orvallo fino de xenofobia y populismo perverso que empieza a mojar el Viejo Continente.

La libertad tiene un precio, proclamaba estos días Obama, mientras alienta a sus aliados europeos a rascarse el bolsillo para armarse mejor y enseñarle los dientes a Putin. Las costuras de Europa llevan tiempo cediendo y debemos saber que si se gasta en tanques habrá menos quirófanos. Decía el finado Suárez meses antes de su dimisión que muchos líderes mundiales a los que admiraba antes de conocerlos le habían defraudado y se sentía preocupado por el destino del mundo. Nada ha cambiado. Ahora fue despedido con honores y despliegue de alabanzas. En una gira por la Costa da Morte en los ochenta se veía abrumado por los aplausos. «Si el cariño se tradujese en votos, tendría mayoría absoluta», comentaba en Vimianzo. La gratitud también es frágil y casi nunca llega cuando se espera.


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