«Adelaide»
Opinión
06 Dec 2013. Actualizado a las 07:00 h.
La televisión emitió ayer imágenes de un artefacto flotante -extraño para muchos, imponente, en todo caso- atracado en uno de los muelles de Vigo. Es el Adelaide, un megabuque que compró Australia y que es gemelo de otro que ya está en las antípodas, y del Juan Carlos I, el más grande y moderno de los barcos de la Marina española. Y esos tres navíos, para cuya producción se han empleado más de doce millones de horas de trabajo, tienen una particularidad: han sido fabricados en Galicia.
El más versátil de los barcos utilizado por modernas Armadas de todo el mundo partirá en unos días a su destino. Una ocasión para festejarlo si no fuera porque su salida del astillero en el que se fabricó, en Ferrol, supone la paralización total de las gradas de Navantia. El Adelaide es, por tanto, la expresión perfecta de un fenómeno por el que cualquier país tiene derecho a sentirse orgulloso, pero también de su reverso.
La construcción de megabuques de esas características está al alcance de muy pocos astilleros en todo el mundo. Uno está aquí. Con esa ventaja comparativa en sus manos, cualquier Gobierno sensato protegería al sector como hacen, por ejemplo, los muy liberales Estados Unidos. El nuestro, no. Por eso es más penosa todavía la situación en la que se encuentran los astilleros que lo construyeron y la comarca de la que son motor económico. Es la muestra, una vez más, de que el Gobierno -este de ahora tampoco- no ha entendido el valor de un sector industrial puntero y estratégico. Tal vez algún complejo nos lleva a tratar con cinismo y desdén aquello que nos hace singulares. Y son malos tiempos para soportar a los cínicos.