Un invierno caliente en Extremo Oriente
Opinión
27 Dec 2012. Actualizado a las 07:00 h.
Estamos acostumbrados a la distante cortesía de japoneses y coreanos, y a la inexpresividad de los chinos. Sin embargo, la parca, cuando no ausente, muestra de emociones no significa que no existan. Los recientes rifirrafes por algunas islas nos recuerdan las guerras que los enfrentaron y la tensión subyacente.
De los dos conflictos entre China y Japón, el primero, de 1894 a 1895, permitió que el imperio nipón se hiciera con Taiwán, las islas Pescadores y Liadong mientras mantenía su influencia sobre Corea. La segunda, de 1937 a 1945, se inició tras la invasión nipona del norte y este de China y supuso a Japón la pérdida de Taiwán, Manchuria y Corea.
En la actualidad, la disputa es sobre las islas Senkaku, en japonés, y Diaoyu, en chino, bajo control norteamericano de 1945 a 1971, después transferidas junto con el archipiélago de Okinawa al Gobierno japonés. Las manifestaciones de Xi Jinping, recién llegado al Gobierno chino, y la victoria en Japón de Shinzo Abe auguran un recrudecimiento de las hostilidades, al menos verbales, entre ambos países.
Por su parte, el acceso a la presidencia de Corea del Sur de Park Geun?Hye promete mantener abierto el conflicto por las islas Dokdo en coreano, Takeshima en japonés, hoy bajo dominio surcoreano.
A EE.UU. no le queda más opción que enfriar las tensas relaciones entre Corea del Sur y Japón, obligados a entenderse para hacer frente al gigante chino y a la megalomanía de Corea del Norte.