La Voz de Galicia

Mucho por resolver

Opinión

| YASHMINA SHAWKI |

07 Mar 2007. Actualizado a las 06:00 h.

LLEGADO el 8 de marzo, son muchos los que se preguntan por qué a principios del siglo XXI, y casi cien años después de su establecimiento, sigue siendo necesario celebrar un Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No cabe duda de que se ha mejorado mucho desde aquellos tiempos en los que la mujer trabajadora no tenía derecho a ningún tipo de prestación social, y su trabajo sólo era valorado como complemento al del varón, cuando se le prohibía acceder a la educación superior o aspirar, por ejemplo, a un puesto en la judicatura. La presencia femenina se ha extendido a casi todos los ámbitos laborales, fruto del esfuerzo de las propias mujeres, luchadoras, tenaces y pioneras. El apoyo institucional del que tanto se habla ahora ha llegado muy tarde, de manera insuficiente y obligado por la realidad social, no porque los políticos consideraran los temas de la igualdad realmente como una prioridad de sus programas. Sigue habiendo demasiadas reivindicaciones que hacer, tal y como demuestran los datos. En el 2005, según el Instituto Nacional de Estadística, los hombres suponían el 60% de la población activa española, frente al 40% de mujeres; mientras el paro masculino era del 7%, el femenino ascendía al 12,2%. Con respecto al nivel de renta de los hogares, las mujeres se encuentran a la cabeza de los de menor capacidad adquisitiva, precisamente por las dificultades que tienen para acceder a puestos de trabajo con salarios más elevados, ya sea por su falta de formación, ya por falta de oportunidades para ello. En la Administración pública no se produce discriminación salarial, pero en la empresa privada, cuanto más alto es el cargo, mayor es la diferencia salarial: un 30% menos de media para las mujeres. En el sector privado, no sólo resulta mucho más difícil acceder a puestos de mando por ser mujer, sino que suele complicarse aún más cuando se pretenden conciliar vida laboral y familiar. Todavía son muchas las mujeres que renuncian a su carrera para tener hijos. Reintegrarse después resulta una misión imposible. Una pérdida que nuestra sociedad no puede permitirse. El 8 de marzo sirve para recordar que todavía quedan estas y muchas otras cuestiones por resolver.


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