Por autoestima
Opinión
17 Feb 2007. Actualizado a las 06:00 h.
EL HORIZONTE del AVE para Galicia, que se divisa por Valladolid, al parecer se ha acercado un año. Ahora es del 2012. Los horizontes dependen siempre de la visión personal. No constituyen una línea inamovible. Una enseñanza para todos los que deseamos que se aproxime. Una advertencia para quienes tienen responsabilidades públicas. Cómo conseguir que aquella previsión coincida con la fecha del 2010 que un exultante presidente del Gobierno auguró para otras partes del mismo territorio en el que Galicia se integra. En primer lugar, se precisa que exista unión entres las fuerzas políticas. No debería ser difícil. Después del decepcionante desarrollo de la cumbre de su tres líderes en Monte Pío, que abandonaron con innecesaria rapidez, una excelente noticia ha sido la unanimidad conseguida en el Parlamento para que la factoría naval de Fene vuelva a ser un referente en la actividad industrial de Galicia. Es ahí por donde debe transitarse, distinguiendo con lucidez las cuestiones que, por fundamentales, trascienden las legítimas diferencias que justifican las alternativas en el poder. Para aquéllas, no es suficiente, sin embargo, con esa patriótica actitud. Necesitan, y de modo especial quienes gobiernan, del respaldo y, hasta cierto punto, de la presión de la sociedad. No tanto como una recriminación, sino como apoyo eficaz para las gestiones que hayan de realizarse con el poder central. Sería la manifestación de un sentimiento que brota de una autoestima colectiva que cuenta con cicatrices de sucesos que la han lacerado a lo largo de los años. Esa autoestima no se ha fortalecido con el fallido intento de reforma del Estatuto. Con independencia de su calificación, el ambiente generado de reformas estatutarias, es un hecho ante el que hubiéramos debido situarnos con diligencia. El aparcamiento de la reforma del actual Estatuto no constituye un obstáculo para gobernar, pero ha contribuido al distanciamiento de la ciudadanía respecto a lo que se define como norma institucional básica de la comunidad. La consistencia que todavía nos proporciona el hecho diferencial reconocido en la Constitución se ha debilitado. Anuncios de cómo se prevé la financiación de las comunidades autónomas alertan de un horizonte oscuro. Los criterios prevalentes de la población y de la renta no son favorables. La seguridad de una solución a la catalana o a la andaluza para infraestructuras disminuye con el tiempo. El hecho diferencial habría que manifestarlo de un modo fáctico, para acelerar inversiones y paliar el actual desequilibrio en el conjunto del Estado. Los mecanismos ordinarios se revelan insuficientes. Hace unos días el editor de este periódico puso el énfasis en tres palabras esclarecedoras: unión, talento y autoestima. Quizás habría que pensar en una acción extraordinaria. Como cuando se pidió la autonomía. Seamos o no nación, podría actuarse como si lo fuésemos. Un pueblo reclamando que el AVE no llegue a Galicia con retraso. Por autoestima.