Allende los mares
Opinión
04 Jan 2006. Actualizado a las 06:00 h.
FIDEL Castro cumple 47 años en el poder, y con eso está dicho todo en cuanto a lo bien que le han salido las cosas, a la musculatura de su carisma y, sobre todo, al vigor de su baraka . Salió indemne de la crisis de los misiles y ha sabido moverse y no moverse entre el petróleo de las utopías marxistas, ayer, y bolivarianas, hoy, entre las letras de Regis Debray y las de García Márquez, entre las pelotas del béisbol, que es el deporte nacional cubano, y las del futbolista Maradona, que es el deporte de sí mismo. Si alguien nació de pie en el siglo pasado, ese alguien es Fidel Castro. Es un fenómeno pasmoso, pero ¿qué fenómeno no lo es? Es también irritante y puede producir entusiasmo o ese tipo de exacta y ardua melancolía que se da entre quienes trabajan con un propósito inalcanzable o diestro en hurtar el cuerpo a quienes lo persiguen. No hay fuerza que haya prevalecido frente a Castro ni a sus espaldas. La realidad en Cuba es esa, como lo es fuera de Cuba y en lo que toca a la política de los Estados Unidos y de la Unión Europea respecto a la revolución cubana y a la dictadura castrista. Una política que lleva todos esos mismos años saliendo tan mal para los encartados como bien para el concernido. Hace también muchos años que los intelectuales de aquí y de allá se apartaron de Castro con unos pasos cuidadosos y medidos según un cálculo inversamente proporcional a la pasión y el vértigo con los que abrazaron su causa hasta los días de 1972 en que se supo del caso Padilla. Al año siguiente era derrocado Allende. Fueron los años en que la geopolítica se revistió con los argumentos de una teoría del dominó concretada en la suposición de que si caía Vietnam caía todo. Cayó Vietnam, pero no cayó Afganistán. La que cayó fue la Unión Soviética. Y a partir de entonces, sin que nadie se percatara o lo señalara de un modo convincente, se fueron moviendo las fichas de un dominó en el que sí que se iba a cumplir la teoría del dominó. Es la que hoy tenemos ante nuestras narices. Del dramático arrebato de aquel grito de Patria o muerte se ha pasado al pintoresco cachondeo del Viva la coca, mueran los yanquis proclamado por Evo Morales el 18 de diciembre, pocas horas después de que concluyeran las elecciones generales en Bolivia. Entre un grito y otro grito, el venezolano Chávez reparte espadas de Simón Bolivar con una mano y petróleo con la otra. Venezuela es la primera reserva de hidrocarburos de Latinoamérica. Bolivia es la segunda. Puestas del brazo de Castro, nadie negará la razón de aquel beatífico pilluelo que fue Tierno Galván cuando aseguró que «Dios no abandona a un buen marxista». Por todo eso, que es de dominio público, y por todo lo que no lo es tanto, creo que el Partido Popular no ha hecho bien al rehusar una entrevista con Morales, teniendo en cuenta, por un lado, que la entrevista realmente dura, y quizá enojosa, habrá sido la mantenida con Zapatero, y por otro, lo dicho hace años por Moshe Dayan: «Si buscas la paz, no hables con los amigos. Hazlo con los enemigos».