Casting X.G.
Opinión
26 Apr 2005. Actualizado a las 07:00 h.
A PESAR de que ya se habla de los damnificados por la fama rápida, de los estragos que causa el ascenso vertiginoso y caída en picado en los contertulios de pacotilla que nutren las plantillas de los programas, la manía no cesa. Las casas de tu vida, los grandes hermanos que nadie querría tener, las granjas de famosos que nadie saben quiénes son, las aventuras selváticas de artistas de todos los ramos con la cuenta en números rojos... No hay tregua. La nueva campaña OT está en marcha. El panorama está crudo para los músicos que se quejan de que no venden discos por dos causas fundamentales: el demonizado concurso y el pirateo. Esto último no tiene solución se pongan como se pongan los recaudadores de la SGAE. Lo otro... tampoco. Los artistas con galones desprecian a los que salen de la cantera OT , chavales que, mamá, quieren ser artistas como ellos. Sin embargo, no se quejan de los que llevan más años que Matusalén dando más de lo mismo. Al final, las estrellas amarradas al olimpo parecen políticos inamovibles con loctite en el sillón. Si no hay nada mejor, en vez de elecciones y cónclaves va a ser más práctico organizar castings y poner candidatos a demostrar en directo su valía. Un Gran Hermano de candidatos a la Xunta de Galicia (XG) o de cardenales papables con Nina de profe o la Milá diciendo: «Conectamos con la casa. Manolo, estás nominado. Benedicto, al confesionario». ¿No sería mucho más apasionante que unas elecciones?