Sorpresa, no herejía
Opinión
08 Mar 2005. Actualizado a las 06:00 h.
LOS DESIGNIOS del Señor son inescrutables. En la Conferencia Episcopal ya lo sabían, porque llevan muchos años predicándolo, pero ayer lo han experimentado en sus propias púrpuras. El Espíritu Santo, en forma de votos, ha querido posarse sobre la mitra de un obispo que no estaba previsto: «un tal Blázquez», que había dicho Arzalluz cuando vio que nombraban prelado de Bilbao a un gran teólogo, pero que no estaba tocado de la gracia de Dios precisamente por no haber nacido en Bilbao. El mismo Santo Espíritu ha querido que monseñor Antonio María Rouco Varela, nuestro cardenal de Vilalba, fuese apartado de su alta representación. Y, puesto a meterse en líos, la Divina Providencia hizo que el cambio sea satisfactorio para el poder político. El Señor será inescrutable, pero no da puntada sin hilo. De todas formas, no debemos sacar los pies del tiesto. Se produjo una sorpresa, no una herejía. Para juzgar debidamente la derrota de Rouco, hace falta recordar que sólo el cardenal Tarancón consiguió renovar tres veces su mandato. Se produjo, por tanto, un hecho bastante normal. Para entender por qué ha sido elegido Blázquez, no echéis mano de rocambolescas operaciones nacionalistas: Blázquez tuvo cuarenta votos, y no hay, ni de broma, cuarenta obispos partidarios del PNV, del BNG o de Convergencia i Unió. Hay los que hay: una decena, aproximadamente. Con Blázquez se ha votado, sobre todo, un estilo más plano de presidencia y menos personalista, con la aspiración de pasar de una Conferencia Episcopal con fuerte liderazgo (el de Rouco) a una dirección más colegiada. Casi más socializada. Y se le ha puesto, porque los obispos son sabios, el contrapeso de monseñor Cañizares, arzobispo de Toledo, que es tan conservador como Rouco. La Iglesia no se inclina hacia ningún lado. Es especialista en equilibrios. Quiere decirse que, de aventuras políticas, pocas. Ayer se votó a unos representantes de la jerarquía eclesiástica, y han funcionado más los equilibrios internos que las imposiciones externas. Lo que ocurre es que Rouco es mucho Rouco. Y además de su excepcional talla intelectual, se ha significado como hombre que conecta bien con el Partido Popular. Desde el famoso discurso del Papa contra Zapatero, se ha esforzado más que nadie en mostrar un rostro amable y dialogante con el gobierno socialista; pero eso no ha cambiado su imagen, y su relevo tiene una consecuencia política: satisfacción en Moncloa, esperanza de superar diferencias y vuelta a la distensión. Pero que nadie se equivoque: la eutanasia, el aborto y los matrimonios de homosexuales merecen la misma condena para Blázquez que para Rouco. Han cambiado las personas. Quizá los talantes. Pero no la religión.