La Voz de Galicia

Cabodano

Opinión

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

26 Feb 2004. Actualizado a las 06:00 h.

MAÑANA se cumplen 23 años de la muerte de Álvaro Cunqueiro. Cunqueiro, como todos los grandes escritores, es poeta, aunque escriba en el latín de la prosa. Onetti, Capote, Umbral, Cortázar, por ejemplo. «A Compostela hay que acercarse como a un milagro», punteó. A su obra hay que acercarse como a un milagro. Estaba tan dotado para las letras que hacía literatura con un pie de foto o con devolverte el saludo por la calle. Ahora Visor y Galaxia recuperan la marea de sus versos. Buena manera de rememorar su adiós es meter la nariz en la harina de esas páginas. Tiene versos que estremecen como un puñal en un cristal: «La mitad de ti muerto sin enterrar para que la otra mitad se dé cuenta». Convirtió la maraña de las leiras de Mondoñedo en la selva de Esmelle con sólo oler unas manzanas frescas. Si se ponía surrealista empequeñecía a los surrealistas. Si hacía artículos de viajes emparentaba con Pla, su primo del Ampurdán. Hizo aún más incierto a Hamlet y, de un silbido, mandó regresar a Simbad. La noche baja como un río desde que lo perdimos. Les invito a encontrarlo. Descubrirán en la familia de Merlín a sus vecinos, la aldea de la que venimos. Macondo pasa, a mano derecha, por Miranda. cesar.casal@lavoz.es


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