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03 Jul 2003. Actualizado a las 07:00 h.
-¡QUÉ flor tan hermosa vamos a enterrar!, dice la abuela. -El desconsuelo es para los que se quedan aquí, porque ella ya está en buen lugar, contesta el dominico. -Es la voluntad de Dios, cierra la madre. La flor hermosa era Ana Isabel Torralba, 22 años, natural de Ocaña. Debutaba como cooperante española en Guinea Ecuatorial. Su sueño de enseñar a leer y escribir a niños y adultos duró tres días, los que llevaba en el país hasta que la bala de un militar convirtió su pulmón en un pantano de sangre. La familia, muy religiosa, no quiere investigaciones, aunque el Gobierno de Malabo reaccionó con rapidez para no enfadar a su madre putativa, España. Hasta el presidente O'Biang pidió disculpas. Son muchos los españoles que conocen esa carretera, una pista de tierra en el continente, entre Bata y Acunibe. Las madres escolapias tienen dos casas allá. La chica, graduada en Trabajo Social, iba a ayudar en un lugar lleno de recuerdos y mala conciencia hispana. Esta noticia no abrió el telediario. Lo hizo el número 23 de David Beckham. En Betanzos, el 23 les suena a feria en Curtis. ¿Qué es más importante la vida del spice boy o la muerte de la cooperante? cesar.casal@lavoz.es