El debate europeo
Opinión
06 May 2003. Actualizado a las 07:00 h.
LA GUERRA de Irak ha llevado a muchos europeos a creer que los Estados Unidos, que se habían comportado como un factor de paz hasta la demolición terrorista de las Torres Gemelas, se han convertido en un factor de caos y de riesgo. Y lo que es peor: que son capaces de poner patas arriba todo el orden mundial construido después de la II Guerra Mundial. Porque, de no ser así, de no desear este giro en las relaciones internacionales, ¿por qué no establecen un horizonte para Irak en el seno de la ONU? Los europeos partidarios de una mayor proximidad con los EE. UU. (e incluso favorables a algún grado de integración) y los europeos partidarios de la emancipación de cualquier tutela estadounidense, que venían manteniendo episódicos debates ideológicos sin trascendencia práctica, se han inquietado ahora, convencidos de que la cuestión no era tan teórica ni tan baladí. ¿Iba a dejarse arrastrar la UE por la nueva deriva americana? ¿No había llegado la hora de decidir si éramos parte de lo mismo o teníamos una entidad diferenciada que debía pronunciarse como tal? Los datos que manejaban los partidarios de la emancipación eran elocuentes. La UE es más potente industrialmente que los Estados Unidos. Rusia ya no es un peligro del que haya que ampararse detrás de los americanos. Las diferencias entre Europa y EE. UU. son cada vez mayores, también en términos de civilización... Por esta senda se internaron los franceses (y no era la primera vez que sucumbían a la tentación) y, para sorpresa de Washington, también los alemanes, firmes aliados americanos en el pasado. Por otra senda se mueven los defensores del vínculo trasatlántico, que consideran zarandajas las teorías sobre las distintas civilizaciones, concepciones religiosas y modelos sociales: lo sustancial es que la UE y EE. UU. representan el mayor espacio de desarrollo en democracia que jamás existió y que no hay ninguna garantía de que chinos y rusos no representen un peligro futuro. Por esta doble vía seguimos avanzando hacia no se sabe qué relación. Pero avanzamos.