La Voz de Galicia

La era Ibarretxe

Opinión

PABLO MOSQUERA

23 Feb 2003. Actualizado a las 06:00 h.

ALGO SE MUEVE entre las paredes del monolito PNV. La democracia descubrió a la generación del enfrentamiento personal Arzalluz-Garaikoetxea, que habría superado a los Aguirre, Ajuriaguerra y Leizaola. Tras las elecciones de mayo del 2001, se quedó por el camino Ardanza, y comenzó la escalada de los tecnócratas. Hoy, se está fraguando la llegada de otra generación que pretende superar al propio Arzalluz y a su gente de confianza. Son los partidarios de la soberanía y la territorialidad, pactada y compartida entre los aberzales de Lizarra. Al mismo tiempo, se rompían los viejos y útiles moldes de la política del acuerdo entre nacionalistas y no nacionalistas, en torno al pacto de Ajuria-Enea, para hacer del Estatuto un fin y aislar a los violentos. Así, se construyen mayorías con Batasuna. Quizá por miedo a los atentados de ETA contra gentes como Atutxa. Pero la nómina de los sucesores tienen un perfil preocupante. Menos ilustrados, más radicales, entregados a la causa de la construcción del Estado vasco, asociado a los estados de la UE. La candidatura a las instituciones alavesas, donde se juegan la territorialidad, no puede ser más significativa. Iturricha y Martínez (con perdón) son dos jóvenes del PNV salidos de las ikastolas; miembros de unas juventudes que se emocionan con la palabra del guía, don Xabier. Hoy, son los candidatos del aparato del partido, que quiere terminar con cualquier posibilismo de acuerdo con Madrid; y que aspira a ocupar el espacio de Batasuna, ilegal y clandestina. Si añadimos el descenso en la calidad de los dirigentes del «otro bando», afectado por el miedo o por el cansancio, tenemos mimbres insuficientes para un cesto donde quepamos todos. Por fin: ¿ETA no actúa más porque no puede o porque no quiere? Y todo ello, cuando el Gobierno vasco se ha convertido en el mejor instrumento para la confrontación y la autodeterminación.


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