La Voz de Galicia

¿Cambiazo?

Opinión

JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ

12 Oct 2002. Actualizado a las 07:00 h.

LA INTERROGACIÓN parece llamar a la controversia: al menos, a la duda, y algo hay de ello, pero mucho más de talante tertuliano, con su poquito de cinismo y de arrogancia, pero sobre la base del savoir faire y del humor coruñés, que son muy suyos. Decir siempre amén a todo comentario resulta tan poco sincero como aburrido: aún pensando de forma análoga, escribiendo las mismas páginas y estando envueltos en una corriente de amistad y compañerismo nunca son iguales las circunstancias ni el "tempus" de dos opiniones. Como botón de muestra, la urgencia del día a día exige un estilo muy diferente del de la reflexión a toro pasado : aunque traten el mismo tema es normal su no coincidencia. Pero vayamos, sin más rodeos, a lo que nos ocupa: al llamado cambiazo en la estrategia de política laboral del Gobierno. Pues bien, vista y oída la abundante literatura generada casi todas las plumas de los medios de comunicación coinciden en lo de que «el gran paro estival» fue la bofetada sindical al Gobierno -de la oposición, sería más preciso -; el decretazo fue un puñetazo oficial en la mesa de concertación social, salpicado de bravatas de uno y otro lado: primero, más retadoras, desde la voz de La Moncloa; más tarde, desde la voz sindical. Voces que suelen hacer ruiditos para que no se distinga bien el tema de fondo. Luego, lo que hemos visto y oído: todos contentos, copas y abrazos; bueno, todos menos el sector agrícola, pero ellos ya sabían que lo suyo lo cuecen entre «sus compañeros europeos del sector» y que la manifestación -de creerse efectiva-, hay que llevarla a Bruselas. ¿Demasiado obvio? Pareciese que fuere un guión cinematográfico de intriga en el que se ve tan clarito desde el principio quién es el culpable que, al final, nunca lo es, pues defraudaría a los espectadores avivados . Como Carne de contra tengo que arriesgar: para mi, fracaso sindical tan grave y profundo que los poderes fácticos -europeos incluidos- han debido dar orden de detener como fuese su descalabramiento ya que, con ello, se corría el riesgo de hacerle abocar a un debilitamiento excesivo, no bien visto entre las democracias de la Unión; y menos, arrastrarles a una ruína financiera en plena carrera preelectoral. Que desde el reino de la lluvia no me crean me parece lógico: pero, ¿y si así fue? Todo es posible y defendible. Creo que un periodista de finales del siglo XIX fue quien aseveró que un español es siempre un abogado, mientras no se demuestre lo contrario. Pues un gallego, aínda máis.


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