EL TREN
Opinión
22 Mar 2002. Actualizado a las 06:00 h.
El conselleiro Cuiña asegura que el trazado del tren de alta velocidad por Galicia está sin decidir. Lo ha dicho en el Parlamento. Donde tiene que decirlo. En el mismo lugar en el que anunció el compromiso de la Xunta a dialogar con los agentes sociales y económicos, tras conocer los resultados de los estudios que se elaboran. Y no existe motivo alguno para no creerlo. Pese a ello, en las últimas semanas hemos asistido a una auténtica convulsión en algunas capitales gallegas, alentada, en gran medida por políticos sin porvenir, que no han dudado en lanzar la amenaza de sacar el pueblo a la calle. Como si fuera de ellos. Una decisión de la envergadura de la que nos ocupa no puede adoptarse en función de intereses localistas. Los estudios previos, el presupuesto de ejecución, la dificultad de la obra, la rapidez en el trayecto y los potenciales usuarios, son sólo algunos de los factores que hay que tener en cuenta. El futuro trazado del AVE en Galicia debe ser estudiado pensando en clave de hacer país y en clave de futuro. Sobre todo de futuro. Convenimos en que la mejora ferroviaria llega con un retraso vergonzante. Y con una velocidad que se antoja ridícula. Pero la tardanza no puede ser motivo para adoptar ahora decisiones precipitadas. Y mucho menos para tomarlas condicionados por la presión de acusaciones de insolidaridad, de amenazas de revueltas, polémicas inútiles, y de oscuros intereses personales. Por mucho que medios informativos locales quieran erigirse en altavoces de quienes se alimentan de pequeñas miserias. Si el conselleiro José Cuiña, y con él la Xunta, apuestan por «la solución más racional», y por pactarla con los implicados, sólo queda esperar. Aguardar, eso sí, y exigir que los intereses generales del país sean los que decidan. Desde la razón y la lógica. Pero mientras tanto, no hagamos el estúpido con polémicas pueblerinas.