NUEVA YORK
Opinión
CARLOS G. REIGOSA DE SOL A SOL
13 Nov 2001. Actualizado a las 06:00 h.
Nueva York, la ciudad por antonomasia, hoy de nuevo una ciudad herida, no se merece el triste destino que se está cebando con ella. La canción New York, New York (evóquese en la voz de Frank Sinatra), antaño un símbolo del optimismo y la alegría que emanaba de sus rascacielos, se ha vuelto una oración fúnebre. Y Woody Allen, su gran amante, se ha convertido en un pequeño filósofo que ve con melancolía cómo se hunde su concepción del absurdo personal (de pequeño burgués con derecho a psiquiatra) bajo el peso desproporcionado del Gran Absurdo. Al humo que todavía emerge de los restos de las Torres Gemelas se ha unido ahora el de un avión siniestrado sobre Queens, un barrio entrañable y apacible de la gran capital. Nueva York. Me vienen a la memoria sus calles atiborradas de interracialidad multicultural, de frenesí creativo (inolvidable el Bob Dylan del Village), de combates de boxeo en el Madison, de apasionantes jazz-sessions en cualquier sótano, de vagabundos y multimillonarios en Wall Street. De hombres, en fin, distraídos y todavía inocentes, que desconocían la adversidad. Aquella Nueva York confiada y feliz que ahora se aleja.