LOS PRIMOS DE ZUMOSOL
Opinión
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
18 Oct 2000. Actualizado a las 07:00 h.
Si es cierto que el problema palestino-israelí tiene una larga historia, que condiciona su diagnóstico y su solución, también es verdad que tiene un intrincado presente, lleno de contradicciones y situaciones de hecho. Y, si es grave olvidar el pasado, como si todo empezase en 1949, peor sería atropellar el presente y crear un problema para zanjar otro. A estas alturas del conflicto casi todo el mundo sabe _incluídos Sharom y Barak_ que la solución llegará por la vía del equilibrio y del pacto. Pero casi todos parecen ignorar, en cambio, que Israel tiene la estructura formal de un Estado institucionalizado, para el que no es fácil adoptar decisiones que implican un irreversible cambio de su marco territorial y una alteración sustantiva del proyecto nacional materializado hace cincuenta años. Más aún, cegados por el brillo de la solución propuesta por Arafat, centrada en la creación del Estado palestino, casi nadie se para a razonar sobre la viabilidad de ese Estado, y sobre qué condiciones deberá cumplir para mantener su apariencia institucional construida al borde de un abismo político y en un marco de enormes incógnitas económicas y sociales. Por eso hay que reputar de craso error la actitud de los líderes occidentales, desde Clinton a Aznar. Porque, con la vista puesta en hacer negocios con un Estado que nace lleno de achaques y miserias, consienten que Arafat pise el acelerador en el momento más peligroso. Plenamente seguro del signo de la solución final, y sabedor de que las potencias occidentales empiezan a sentir un grave cansancio de todo lo que significa el conflicto de Oriente Medio, hace ya dos años que Arafat viene actuando con la imprudencia propia del niño que tiene detrás a los primos de zumosol, tensando a placer la cuerda del conflicto, y con la seguridad de que Peres, Netanyahu, Sharon o Barak siempre se van encontrar con Clinton, con la UE y con los aprovechados que, como nosotros, apuestan ya al seguro ganador. Por eso estamos en una paz tan tensa, dolorosa y precaria. Porque no se miden los ritmos ni las formas, y se ponen contra las cuerdas a todos los que ensayan el camino de la paz, mientras se abren huecos cada vez más grandes para los halcones de uno y otro bando. Y no debemos olvidar que hace ya mucho tiempo que este conflicto dejó de ser de buenos y malos: porque en los dos bandos hay demasiada gente dispuesta a vivir de la guerra.