A TODO GAS
Opinión
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
01 Aug 2000. Actualizado a las 07:00 h.
Aunque los economistas aún no lo tienen tipificado, estoy convencido de que uno de los grandes síntomas del atraso económico de una región es la necesidad de adjetivar todos los productos y todas las operaciones, como si el hecho de ser gallego, o ser calificado de «noso», añadiese algo a la calidad de las cosas o a la rentabilidad de las operaciones. Y no falta quien, empezando por las más tradicionales adjetivaciones de «o noso viño» o «as nosas patacas», acaba creyendo que los automóviles Citroën son gallegos de pura raza. Quizá por eso hemos gastado tantas páginas en hablar de aquella famosa conquista virtual del mundo que fue el viaje de Fraga a Libia _¡lástima de foto con Gadafi!_ mientras pasa inadvertida la gran operación de dos navieros vigueses que se han convertido en los grandes suministradores de gas a España durante el próximo cuarto de siglo. Claro que esta operación no estuvo auspiciada por la Xunta, ni va a dar una especial carga de trabajo a los astilleros gallegos _Puerto Real y Sestao se llevan el contrato_. Tampoco renuncia a tomar Madrid como centro de contratación, ni se refleja en una serie de típicas y oficialistas notas de prensa que dibujan a nuestros políticos como los más espabilados del mundo, aunque casi siempre gafados por la mala fortuna o la envidia fatal de los dioses. Lejos de este modelo tradicional, la operación de los navieros Silveira y Fernández Tapias tiene la ventaja de ser real, fulgurante y rentable, al tiempo que evidencia la posibilidad de afrontar sólidos proyectos que, aprovechando las condiciones de nuestro entorno, compiten a escala planetaria, sin adjetivos ni patronos, y sin que lo gallego se convierta en un elemento reductor de los horizontes empresariales. Por si esto fuese poco, el contrato con Repsol también supuso una notable activación de las entidades crediticias de Galicia, con la consiguiente ruptura de los usos especulativos que lastran nuestro sistema financiero. Aunque sólo sea por no contradecirme, me cuidaré mucho de saludar esta operación echando las campanas al vuelo. Pero no dejaré de utilizar sus evidentes méritos para hacerle a Fraga esa pregunta que nunca le hace la oposición: tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, tantos convenios y palmaditas por los países del mundo, ¿para qué? Porque los negocios siempre aparecen en otras partes, y siempre los cierran los otros empresarios.