La desafíos de la competitividad regional: una prioridad para Galicia
Mercados
La comunidad puntúa alto en capital humano y entorno institucional, pero bajo en eficiencia empresarial e infraestructuras, lo que afecta a la localización de inversiones. La situación del entorno económico y de la innovación también nos sitúa en una posición de desventaja respecto a otros territorios: urge actuar en ámbitos como la dotación tecnológica de las empresas
16 Sep 2023. Actualizado a las 05:00 h.
Suele ser con el inicio del año cuando, al repasar las tareas pendientes, establecemos los nuevos propósitos que deberían cambiar nuestro rumbo. No obstante, en ciertos temas, considero que es mejor aprovechar el sosiego propio del verano para llevar a cabo el necesario ejercicio de reflexionar y marcar nuevas pautas de actuación. En este sentido, la competitividad en clave regional, aunque debería ser una preocupación permanente, es lo suficientemente importante como para, cuando menos, aplicarle esta máxima.
Aunque tradicionalmente la competitividad se ha considerado un atributo asociado al comportamiento de las empresas, que marca la diferenciación entre estas y su capacidad para obtener resultados económicos, su concepto se ha ido ampliando a la esfera territorial. No existe una definición unánime de lo que se entiende por competitividad regional, si bien podemos dar por buena la referencia a la capacidad que tiene una región para ofrecer un entorno atractivo y sostenible para empresas y ciudadanos en todo lo referente a la inversión, el trabajo y las condiciones de vida.
A su vez, en un mundo globalizado en el que el volumen y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y servicios— así como de los flujos de inversión y de personas— crece de manera constante, las regiones deben esforzarse por contar con los elementos que traccionan la localización de esos flujos, tanto en el ámbito internacional como, con especial importancia en un país como el nuestro, entre las comunidades autónomas que lo conforman. Identificar los parámetros que determinan esa localización, evaluar —cuantificar-—su situación actual y articular líneas de mejora debe ser una tarea constante para incrementar la competitividad regional y, con ella, las posibilidades de crecimiento y de bienestar económico de un territorio.
Son varios los organismos internacionales que elaboran índices en materia de competitividad. Unos establecen ránkings entre países, como el que elabora el Foro Económico Mundial; mientras, otros puntúan las diferencias entre regiones, como hace la Unión Europea con su Índice de Competitividad Regional, que publica cada dos años, analizando la situación comparativa en términos de competitividad de las 234 regiones europeas.
Para el ejercicio de reflexión que pretendemos abordar, nos parece más oportuno analizar los resultados del Índice de Competitividad Regional (ICREG) que, desde hace 6 años, publicamos desde el Consejo General de Economistas dentro del Informe de la Competitividad Regional de España. En él se evalúan 54 variables o indicadores agrupados en siete ejes competitivos: entorno económico, mercado de trabajo, capital humano, entorno institucional, infraestructuras básicas, eficiencia empresarial e innovación. Aunque en el informe también se hacen comparaciones en términos internacionales, su diseño, adaptado a la realidad española, busca identificar y cuantificar las diferencias entre las 17 comunidades autónomas españolas.
Normalmente, el análisis de la competitividad regional se realiza en términos internacionales, midiendo las ventajas competitivas entre las regiones de diferentes países, lo cual es significativo y responde a la realidad de un mundo globalizado como el actual. No obstante, junto a esta competitividad internacional resulta igualmente importante la competencia dentro de los propios países, entre las regiones que lo componen, que juega un papel definitorio para los inversores o ciudadanos nacionales o, una vez seleccionado el país de destino, entre los internacionales. De ahí la importancia de evaluar nuestra posición relativa entre los que para este tema son nuestros iguales: las 16 restantes comunidades autónomas españolas.
Los resultados del Índice de Competitividad Regional nos sitúan en el puesto número 9 de las 17 comunidades autónomas españolas, lo que supone una posición medio-baja. En todo caso, lo realmente importante es nuestra realidad en relación con los distintos aspectos o ejes analizados, que pueden jugar papeles diferentes a la hora de decantar según qué tipo de decisiones de localización.
La realidad
En este sentido, Galicia presenta valores relativamente buenos en términos de capital humano y de entorno institucional, pero puntúa muy bajo en eficiencia empresarial e infraestructuras. A su vez, la puntuación en entorno económico e innovación, aun correspondiéndose con nuestra posición relativa global —9 de 17—, nos posiciona en una situación de desventaja competitiva en ámbitos tan importantes como son los de atracción o retención de inversiones. Además, estos déficits detectados en materia de competitividad son en ámbitos como el de la accesibilidad o conectividad de las infraestructuras o la dotación tecnológica de nuestras empresas, que están directamente relacionados con la productividad de nuestra de economía. De ahí la importancia de articular y poner en marcha las correspondientes agendas de competitividad, una vez identificadas las necesidades de mejora en esta materia (que en última instancia lo son también en términos de productividad). Estas deben ser el resultado de la colaboración público -privada y enmarcarse en un proceso de permanente revisión y adaptación a los cambios y crisis que viene experimentando nuestra economía. Solo así podremos tener éxito como territorio. En todo caso, tengamos siempre presente que no hacer nada para avanzar en materia de competitividad supone, en última instancia, retroceder como economía.
Miguel A. Vázquez Taín. Presidente del Consello Galego de Economistas.