La Voz de Galicia

El malestar de la democracia

Internacional

Leoncio González

03 Jun 2011. Actualizado a las 06:00 h.

Las elecciones de Portugal dejan ver bien uno de los problemas que estos días han llevado a miles de personas a instalar tiendas de campaña en varias plazas de España y en varios países de Europa. Es el descrédito de herramientas democráticas básicas como el voto; o si se prefiere, la sospecha de que sirve de bien poco ejercerlo: una creencia que desincentiva la participación y arroja a porciones apreciables del electorado a los dominios del escepticismo.

La consulta en el país vecino se adelantó porque el Gobierno socialista de Sócrates, en minoría dentro del Parlamento, no convenció a los demás grupos de oposición de un plan de ajuste con el que pretendía adelantarse a un posible rescate financiero. Disuelta la legislatura, ese mismo Gobierno ya en funciones se rindió a las presiones y solicitó la intervención de la UE y del Fondo Monetario Internacional por un montante de 78.000 millones de euros.

En la práctica, la medida convierte en un simulacro los comicios y viene en apoyo de la idea de que están perdiendo capacidad para influir en la marcha de lo público. Sea cual sea el partido que se haga con la victoria el domingo, deberá pechar con las obligaciones contraídas y aplicar en esencia los mismos ajustes para intentar cuadrar las cuentas. Ello deja un margen de maniobra estrechísimo para políticas autónomas y convierte en poco menos que ficticia la posibilidad de elegir entre dos o más programas diferentes.

Es lo que explica la apatía con que siguen los portugueses la campaña y expande el malestar por las insuficiencias de la democracia. Son lusos pero no ilusos y saben que la partitura está escrita de antemano. No podrían cambiarla aunque fuese esa la voluntad de la mayoría.


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