Las elecciones más caras de EE.UU.
Internacional
Los 4.000 millones de gasto previstos están relacionados con la reñida contienda y con la nueva norma legal, que engordó con miles de millones al bando republicano
30 Oct 2010. Actualizado a las 02:31 h.
Las próximas elecciones legislativas de EE.?UU. pasarán a los libros de historia como las más caras. La cifra de gasto prevista es de 4.000 millones de dólares, unos mil millones más que las del 2006. Esta es la cantidad adelantada por el Center for Responsive Politics, encargado de escudriñar el dinero de las citas electorales. Una cantidad, según este centro, suficiente como para comprar una hamburguesa con patatas fritas a uno de cada dos estadounidenses o un coche de segunda mano a cada vecino de la ciudad de Topeka (Kansas).
Este desembolso está relacionado con la reñida contienda electoral y con las nuevas normas legales, dictadas en enero por el Tribunal Supremo de EE.?UU., que dieron carta blanca a empresas y sindicatos para gastar lo que quisieran en anuncios destinados a atacar o defender a un candidato. Esta novedad ha modificado el panorama recaudatorio, favoreciendo con millones de dólares a la causa republicana para arrebatar el poder a Obama en las urnas.
En los últimos tres años, los PAC, agrupaciones que hacen de intermediarias entre políticos y empresas, habían apostado fuerte por el Partido Demócrata, un bando al que se aferraron tras el declive de Bush. Ahora, la pérdida de popularidad de Obama unida al fuerte auge del Tea Party ha inclinado la balanza hacia la oposición conservadora, que en estos momentos lidera la carrera de la recaudación de fondos con 164 millones de dólares, frente a los 129 millones de los demócratas.
Por la grieta legal abierta por la resolución del Supremo se están colando miles de donaciones anónimas, la mayoría de ellas destinadas a financiar anuncios electorales. «Básicamente, lo que la decisión del Supremo permitió es que los votantes no tengan manera de saber que un anuncio que defiende un sistema de salud mejor está siendo pagado por la industria farmacéutica o que el que apuesta por bajar los impuestos de los empresarios ha sido financiado en realidad por esos mismos empresarios», explica Ciara Torres-Spellicy, profesora del Centro de Justicia Brenan, de la Universidad de Nueva York.
Guerra entre los candidatos
El auge de las donaciones anónimas ha desatado una batalla entre republicanos y demócratas, especialmente tras escándalos como el de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la mayor asociación de empresarios del país.
En los últimos meses, la cámara, en guerra con Obama por su política fiscal, ha inyectado a las arcas republicanas más de 22 millones de dólares, la mayoría de ellos de procedencia desconocida. Desde las filas demócratas se ha acusado a diversos Gobiernos extranjeros de estar detrás de estas donaciones, una acusación refrendada por el propio presidente. «No sabemos si es la industria del petróleo o empresas extranjeras la que están dando este dinero. No lo sabemos porque no lo dicen», aseguró Obama la semana pasada.
Otra de las asociaciones criticadas por los demócratas por su oscurantismo es The American Crossroad, una organización sin ánimo de lucro fundada por el ex presidente George W. Bush y gestionada por su ex asesor Karl Rove, quien se ha negado a dar la lista de sus donantes.
Tras el cruce de acusaciones dormita una pregunta que nadie se ha atrevido a contestar: ¿puede el dinero de unos pocos comprar las elecciones de todos?
La respuesta tampoco está exenta de controversia. Por una parte, estudios como el realizado por la Universidad de Vermont durante el 2008 demuestran que los políticos con mejores cuentas corrientes poseen hasta un 93% de posibilidades más de ganar unas elecciones.
Por otro, las recientes victorias de los candidatos del Tea Party, como la de Christine O'Donnell en las primarias republicanas de Delaware, muestran que no siempre el que tiene más dinero es el que acaba ganando.
Teorías y resultados
El éxito de O'Donnell constata la teoría de que el resultado final en las urnas depende más de factores psicológicos como el miedo o el voto de castigo que del estado de las cuentas. Es por esta razón que en el 2006 los demócratas arrasaron en el Congreso, a pesar de contar con menos fondos, o que esta vez millonarios como George Soros, mecenas tradicional de la izquierda, opte por apretarse la cartera confiado en la continuidad de Obama.
En resumidas cuentas, y como explicaba en un artículo el periodista político David Brook, «al final sí que gana el que más tiene: pero no el que posee más dinero, sino el que más miedo tiene a que gane su adversario».