En el corazón de la guerrilla
Internacional
El comandante Asadik es el encargado de entrenar a unos 200 jóvenes, pero sabe que para parar las matanzas en Darfur va a hacer falta más que un grupo de campesinos
07 Oct 2004. Actualizado a las 07:00 h.
Las montañas del Jabal Marra son para los rebeldes de Darfur lo que para Fidel Castro fue Sierra Maestra. Aquí empezó todo. En estas tierras altas, de picos escarpados y vegetación abundante, los hombres del Ejército del Liberación de Sudán (SLA, en sus siglas en inglés) se entrenan, combaten las embestidas de los yanyawids y hostigan al Ejército. Un bastión donde los soldados sudaneses apenas entran. El camino no es fácil. Durante la estación seca se necesita un buen todoterreno y un conductor experto. Durante la estación de lluvias el lugar es prácticamente inaccesible. Dejamos atrás Golo, el último pueblo que controla el Gobierno y empezamos a subir las montañas por unas cuestas imposibles. Shisram es la primera aldea que nos encontramos y aquí sólo hay mujeres y niños. «Los hombres están en el campamento», nos dice una. En el Jabal Marra, los hombres luchan y las mujeres trabajan y cuidan de los niños. Dos jóvenes se suben a nuestro coche y nos llevan hasta allí. Algo más de una hora después, llegamos a un campo de entrenamiento del SLA. El lugar es poco más que un poblado con casas hechas de caña y adobe por el que pululan varias decenas de guerrilleros. Ninguno usa uniforme. Sus armas van desde el sempiterno Kalashnikov a un fusil Mauser de la Segunda Guerra Mundial. Entrenan tácticas de asalto y aprenden a marchar. Como en las líneas del frente más al sur, muchos de ellos son niños. Por señas nos indican que pasemos a una choza. Allí nos espera un hombre con turbante en la cabeza. El comandante. Veterano de guerra Asadik Abdalá Kora tiene 28 años, muchos menos que algunos de sus subordinados, pero todo el mundo le mira con respeto. Quizás sea porque, a pesar de su edad, es ya un veterano en esto de la guerra. Sirvió como oficial del Ejército sudanés en la guerra civil contra los rebeldes del sur. Ahora se dedica a combatirlo. Nos invita a sentarnos. «Movemos los campos de entrenamiento y las bases continuamente por motivos de seguridad», nos comenta a modo de excusa por el desorden del lugar. Al lado de Asadik se sienta su padre, que fue el gobernador de Golo mientras estuvo bajo control del SLA. «La gente de allí bajo me sigue considerando su líder», dice orgulloso desde su boca desdentada. Detrás de los dos se acomodan dos docenas de guerrilleros que asienten mientras el comandante desglosa los motivos de su lucha. «Darfur ha sido olvidado durante décadas. El Gobierno de Jartum no hace nada por ayudarnos. No construye escuelas, ni carreteras, ni hospitales. Esta fue una de las razones que nos llevó a iniciar la lucha. La otra es que los árabes, los yanyawids, atacan a nuestra gente. Ellos han robado la mayor parte de nuestros animales y han ocupado nuestros pastos. Nuestra gente estaba indefensa. Siempre ha habido luchas entre árabes y africanos. Pero ahora es mucho peor», dice. Asadik, como los otros comandantes del Jabal Marra, está a cargo de unidades de unos 200 guerrilleros. Una estructura estanca que permite a cada grupo tener autonomía. Él habla con orgullo de sus hombres. «Los yanyawids no tienen ninguna oportunidad a la hora de luchar contra los nuestros. Ellos han matado a mucha gente. Pero nosotros hemos respondido. Hace 14 días, perdimos seis soldados en una batalla cerca de Golo. Pero ellos perdieron muchos más. Es lo habitual. Por eso estoy seguro de que Alá está de nuestra parte». Pasaportes sirios y libios Le preguntamos al comandante por los apoyos en el extranjero. Desde hace tiempo circulan informaciones que afirman que el SLA recibe ayuda de Estados Unidos a través del SPLA, los rebeldes del sur del país. Asadik nos mira y niega con la cabeza mientras señala a sus hombres. Por lo que se ve sobre el terreno, mucha ayuda no tienen. No hay armas pesadas a la vista y se alimentan sobre el terreno. «Comparados con nuestros hermanos de los valles, aquí no tenemos ningún problema de agua y comida. Pero nadie nos ayuda, no como a los yanyawids». Asadik nos cuenta que sus soldados han encontrado algunos pasaportes sirios y libios en los bolsillos de los yanyawids que han matado. Integristas que han acudido a la llamada de los valedores de la supremacía árabe. «El objetivo de los yanyawids y de Jartum es la arabización de Darfur. Quieren expulsarnos a los africanos lo más al sur que puedan. Lo llevan haciendo durante décadas», dice. Salimos de la tienda para ver cómo se entrenan los hombres del SLA. «Están aprendiendo. Cada día nos llegan más», dice. Asadik no pierde, sin embargo, el sentido de la realidad y sabe que para parar las matanzas en Darfur va a hacer falta más que un grupo de campesinos armados. «La mejor solución sería una intervención militar extranjera, liderada por EE.UU. o por Gran Bretaña. No veo otra salida. Los soldados de la Unión Africana que van a desplegar no son una solución. Ni son suficientes ni son buenos soldados».