La Voz de Galicia

Mucho más que un mero contable

Galicia

José Antonio Orza, durante una entrevista a La Voz de Galicia durante la campaña de las Elecciones Autonómicas en el 2005

Orza fue un hombre con una enorme influencia en el diseño y la estrategia de la política económica de Galicia

30 Oct 2012. Actualizado a las 07:00 h.

Quizás a muchos les pase ahora desapercibido el organigrama de la Xunta que dejó Fraga en el 2005. Entonces, las áreas de Economía y Facenda, ahora separadas, estaban juntas. Un detalle que podría parecer superfluo o baladí, pero que resulta determinante para entender la figura de José Antonio Orza (Boqueixón, 1941), fallecido ayer y sobre el que se ha empezado a construir una imagen algo distorsionada, como si de un mero contable se tratara.

Lejos de ocuparse solo de cuadrar los números y de elaborar los presupuestos durante cuatro legislaturas consecutivas, Orza fue un hombre con una enorme influencia en el diseño y la estrategia de la política económica de Galicia. Fraga había delegado en él un gran poder. Cuando Feijoo nombró conselleira a Marta Fernández Currás en el año 2009, el actual presidente se estaba alejando precisamente de ese modelo. Un dirigente del PP, no hace mucho, lo explicaba con una rotunda claridad. «Nosotros buscábamos un perfil técnico, que aplicase el rigor presupuestario, y no alguien que cuando entrabas al despacho a pedir dinero lo primero que hacía era preguntarte para qué». Pocas frases resumen mejor a quien ha sido uno de los cargos más influyentes en la reciente historia autonómica.

Único conselleiro que logró mantenerse en los cuatro Gobiernos que Fraga formó entre 1989 y el 2005, Orza fue el encargado de poner en marcha en Galicia los instrumentos de política económica. Y el artífice, en 1993, de la creación en la comunidad del Igape, el instituto de promoción económica que se encuadra en el modelo de agencias de desarrollo regional que proliferó en España a consecuencia del proceso de descentralización autonómica. A Orza le tocó sufrir en la Xunta la crisis de los primeros años noventa, pero bajo su prolongado mando Galicia vivió un proceso de expansión económica. Aun así, cuando se elaboraban los presupuestos cada año, los conselleiros pasaban por su despacho, uno a uno, a pelearse con quien repartía, con amplios poderes, los pedazos de la tarta.

Serio y disciplinado, Orza jamás regateaba ni un segundo para explicarse. Y ante un asunto de entidad era capaz de desplegar una paciencia infinita. Ninguno de los que lo sucedió en el cargo desde el 2005 se asemeja en nada a su perfil. Orza pertenecía a una estirpe de políticos que parece condenada a desaparecer. Eran otros tiempos. Ahora la austeridad reclama otra cosa. Más técnicos.


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