La Voz de Galicia

Mucho más que mareas rojas

Galicia

rosa estévez vilagarcía / la voz

Conocido por controlar las toxinas en zonas productivas, el Intecmar hace mucho más

01 Jul 2012. Actualizado a las 07:00 h.

Entre el sector del mar, el edificio de la Xunta que se levanta en el puerto de Vilaxoán es el «centro de mareas vermellas». Así ha sido siempre: antes, cuando estaba oficialmente bautizado como Centro de Control do Medio Mariño, y ahora, que se ha transformado -hace de esto ya varios años- en el Instituto Tecnolóxico do Mar. «Efectivamente, las unidades de biotoxinas son las que más personal ocupan, las que más franja horaria desarrollan y las que más dinamismo tienen, pero hay otras cosas», reivindica Covadonga Salgado, la directora.

Empecemos por dar al César lo que es del César. Galicia, con sus 3.300 bateas de mejillón y con una producción marisquera que la ha convertido en potencia mundial, necesita un sistema que blinde la calidad sanitaria de sus productos. El Intecmar se lo facilita gracias al trabajo integrado de las unidades de oceanografía y fitoplancton y el de biotoxinas en moluscos. De la función de ambos servicios depende que las zonas de producción estén abiertas (cuando el producto está libre de toxinas) o cerradas (si se superan los índices permitidos). Por prevención, los análisis comienzan a intensificarse en cuanto las técnicas de fitoplancton que se encargan de hacer el recuento de células a golpe de microscopio detectan la presencia en el agua de elementos tóxicos. Entra entonces en acción el departamento de biotoxinas en moluscos, que será el que determine si la marea roja -sea por PSP, por ASP o por lipofílicas (antigua DSP)- obliga a cerrar la producción. Si esto es así, los muestreos volverán a intensificarse en cuanto la situación apunte una mejoría: hacen falta que 2 análisis certifiquen, con un intervalo de 48 horas, que los índices de toxicidad están por debajo de los límites exigidos.

«Vivimos pendentes do rato», dicen los mejilloneros gallegos cuando la marea roja cerca sus bateas. No es hablar por hablar: hasta ahora, el ensayo biológico es el método de referencia para detectar la toxina diarreica y la paralizante. Pero se avecinan cambios: la UE ha decidido que el ensayo en ratón sea sustituido por prácticas más modernas en lo que a lipofílicas se refiere, y en el Intecmar llevan tiempo probando el método cromatográfico a fin de lograr, en septiembre, su acreditación.

Auditorías cíclicas

Entonces, el centro será sometido a una de las auditorías que debe superar cíclicamente y que siempre ha pasado con nota, «sin que pongan ni una coma» al funcionamiento de un centro al que cada año llegan embajadas y estudiantes de todo el mundo dispuestos a aprender lo que Galicia les puede enseñar.

Y no solo en control de biotoxinas, porque el Intecmar es mucho más que el centro desde el que se controlan las mareas rojas. Las purgas de mar no son el único problema que debe afrontar el sector pesquero, marisquero y acuícola de Galicia. La contaminación de las aguas es otro asunto que condiciona, y mucho, el día a día del sector. De vigilar el estado de esa cuestión y de clasificar las aguas en función de su calidad (A, B o C son las tres notas posibles) se encarga el departamento de microbiología, que recoge sus muestras en 203 puntos repartidos por toda la costa gallega. Ese departamento ha ganado relevancia últimamente, gracias al plan de reinstalación de marisco procedente de zonas contaminadas en otras en las que la calidad del agua sea mejor. Este «proyecto estrella» de la Xunta, diseñado para abrir el camino hacia zonas de producción semiabandonadas, está sujeto a los mismos principios de seguridad y agilidad que el control de las mareas rojas.

Hidrocarburos

Pero sigamos avanzando por las salas del Intecmar, porque aún queda mucho que ver. En el departamento de contaminación química trabajan los técnicos que se encargan de detectar la presencia de hidrocarburos en moluscos: una ocupación que gana relevancia cada vez que se produce un vertido o una fuga de gasoil. También se mide la presencia en los moluscos de metales pesados -fue ese departamento el que detectó el problema con el plomo que obligó a suspender la comercialización del relojito- y de organoclorados (pesticidas).

La unidad de patología es otro de los motivos de orgullo del Intecmar: fue acreditada en el 2009, convirtiéndose en el primer laboratorio de estas características que lograba tal reconocimiento. De quienes en él trabajan depende comprobar que los moluscos cumplen los requisitos zoosanitarios exigidos, y detectar enfermedades en los animales. Para nutrir de muestras a todos estos departamentos, un equipo de recolectores recorre la costa gallega a diario. La colaboración de bateeiros y cofradías, y de otras entidades -MeteoGalicia y el Oceanográfico- acaban de dar forma a la red.


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