Los hechos ocurrieron el pasado 25 de enero en la parroquia de Grijo, en el concello ourensano de Ramirás (1.856 vecinos). Ese día, por la mañana, Jorge Skrainka se personó ante la Guardia Civil de la localidad para denunciar la muerte de su perro, Enki, a causa de un disparo efectuado por un vecino. Al parecer, según explica Skrainka, «lo mató un vecino alegando que lo sorprendió en su terreno y que le había matado varias aves. Otros perros, quizás abandonados por cazadores, habían sido vistos reiteradas veces. La posición de nuestra mascota sugiere que fue ejecutada de un tiro de escopeta por su costado izquierdo a través de una malla metálica, pues estaba encerrado en la jaula. De ser cierto, nuestro perro, único labrador negro que vivía en el pueblo desde hace 5 años y a sabiendas que sus dueños vivían a 50 metros de distancia, fue ejecutado». Explica el propietario de Enki que el vecino no informó en ningún momento de lo sucedido y, según la denuncia, fue la hermana de este la que informó a la familia de la muerte del animal argumentando que «le disparó a un bulto negro, porque presuntamente le había matado unos pájaros propiedad de su hermano que los tenía guardados en un hórreo situado en una finca cercada».
El dueño de Enki subraya que nunca ningún vecino le alertó del comportamiento del animal e incluso explica que debido al peso del perro -sobrealimentado, dice- es difícil que hubiera saltado la cerca para meterse en la jaula. «Era un perro querido por todos en el pueblo. Nunca agredió a nadie y solo tenía travesuras menores, incluyendo perseguir gatos y conejos salvajes sin verdadero ánimo de atraparlos». A Skrainka, que ya ha adquirido otro perro, lo que le preocupa es que un hombre con un arma pueda tomarse la justicia por su mano.