En el año 2006, cuando el municipio se proyectaba como el Sanxenxo del norte de Galicia, pocos podían prever que cinco años después casi no se iba a mover un ladrillo.
16 Feb 2011. Actualizado a las 12:56 h.
Al pie de una recta en la N-634 en Barreiros, en la fachada de un edificio impecable, cuelga doblada, como abandonada y solo sujeta por un extremo, una pancarta de lona en la que con grandes caracteres se indica que hay pisos a la venta. Los coches pasan; ninguno se detiene. Es la metáfora de Barreiros.
En el año 2006, cuando el municipio se proyectaba como el Sanxenxo del norte de Galicia, pocos podían prever que cinco años después casi no se iba a mover un ladrillo. Aquel año, la Xunta anticipó varios meses en Barreiros el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, con una intervención que tuvo efectos demoledores. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia acaba de sentenciar que la actuación fue correcta y que las normas provisionales que se dictaron en el año 2007, y que prácticamente impiden volver a hacer edificios, deben seguir en vigor en tanto no se apruebe un nuevo Plan Xeral de Ordenación Municipal.
En la recta de San Miguel, en las otrora codiciadas huertas y fincas, se levantan esqueletos de edificios con el ladrillo a la vista. No se ve a un obrero. Las grúas están paradas. En los pocas promociones concluidas no hay movimiento; las persianas están bajadas y si se alcanza a ver tras alguna cristalera se observan las paredes nítidas y las habitaciones sin muebles. span lang="es-gl"«Nas oficinas de venta xa non hai ninguén, porque os construtores teñen as mans atadas ata que se resolvan os contenciosos. Non teñen marxe para subir ou baixar prezos, non poden facer nada», explicó el responsable de una inmobiliaria. De las cinco que había hace años en Barreiros, ahora solo queda una.