La Voz de Galicia

En bancarrota por sus pecados

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El mundo a los cuatro vientos La archidiócesis de Portland se declara en quiebra al no poder hacer frente al pago de las indemnizaciones por los abusos a menores perpetrados por sus sacerdotes

07 Jul 2004. Actualizado a las 07:00 h.

Dios es todopoderoso, dicen las Sagradas Escrituras, pero la Iglesia Católica que lo representa no. Por eso la archidiócesis de Portland (Oregon) ha dado un paso tan sorprendente como histórico y se ha declarado en bancarrota ante el peso de las deudas generadas por las denuncias por abusos sexuales perpetrados por sus párrocos. Tras haber pagado ya 53 millones de dólares para resolver más de cien demandas presentadas desde 1950, el arzobispo John G. Vlazny tomó una decisión que había sido barajada antes por otros representantes de la iglesia católica de otros estados pero que nadie se había atrevido a tomar por miedo a que sus finanzas fueran sometidas al escrutinio público o puestas a disposición de un comité externo a la Iglesia. «Es la mejor opción porque circunstancias más allá de nuestro control han creado un serio riesgo financiero» aseguró Vlazny en un comunicado enviado a los más de 350.000 católicos de Portland. Además, el martes añadió sin pudor: «La vasija de oro está ahora completamente vacía», dijo en clara referencia a los años dorados de la iglesia. La archidiócesis de Boston, una de las más afectadas económicamente por el escándalo, llegó a obtener el permiso del Vaticano para declararse en bancarrota en 2002 pero finalmente optó por vender parte de sus propiedades para hacer frente a las deudas. La de Portland en cambio, ha preferido la quiebra, con lo que ha conseguido, entre otras cosas, suspender, hasta que se resuelva el expediente de quiebra, una demanda presentada por James Devereaux, un hombre que acusa a la archidiócesis de negligencia por haber mantenido en su puesto al reverendo Maurice Grammond durante más de treinta años a pesar de saber que abusaba de los niños. «Lo que ha ocurrido aquí no es que la archidiócesis esté tratando de evitar las consecuencias económicas de su conducta. Ellos saben que tendrán que pagar por esas consecuencias, incluso declarándose en quiebra. Lo que están intentando es evitar que se haga pública la historia completa del encubrimiento de los crímenes de pederastia por una sucesión de arzobispos», aseguró el martes David Slader, el abogado de Devereaux, quien fue víctima de abusos por parte de Grammond cuando era niño y quien asegura no estar interesado en el dinero sino en hacer públicos los crímenes de la iglesia. No obstante, su denuncia buscaba una indemnización de 130 millones de dólares. Según Slader, la archidiócesis tenía miedo del juicio porque existen dos testigos que afirman haber visto como Grammond, que murió en 2002, abusaba de Devereaux, además de diversos documentos que demuestran que los responsables de la archidiócesis le enviaron intencionadamente a iglesias apartadas del interior del estado donde los feligreses desconocían la reputación de abusador que acompañaba al cura. Cuando en 1999 apareció la primera denuncia contra él, sus crímenes habían prescrito por lo que nunca fue procesado. Sin embargo, Grammond llegó a afirmar antes de morir: «Esos niños abusaron de mí. Se sentaban en mi regazo buscando la excitación sexual». La archidiócesis tuvo que pagar 44 millones de dólares en el año 2000 para frenar una demanda colectiva después de que aquellas declaraciones se hicieran públicas. Hasta el momento, la iglesia católica norteamericana ha tenido que pagar 650 millones de dólares en indemnizaciones por abusos aunque apenas un puñado de denuncias han llegado a discutirse en los tribunales. La mayoría de los pagos se han acordado con las víctimas de forma extrajudicial.


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