La Voz de Galicia

Gallegos hasta en el «Titanic»

Galicia

Ana Rodríguez

Diez pasajeros españoles. Ninguno gallego. Sí una caja, pequeña, olvidada en la bodega de proa. Una muestra de puntillas de Muxía se hundió con el mítico trasatlántico

24 Oct 2003. Actualizado a las 07:00 h.

Fue una investigación a dos bandas. La de Javier Toba, de Muxía, y la de Jesús Ferreiro, comisario de la muestra Titanic. The exhibition . La del primero empezó en la parroquia de Cánduas, en Laxe, con el desmantelamiento de la casa que había habitado a principios del siglo XX su tía abuela Emerilda Toba. Allí había de todo. Un incendio y varios robos habían dejado huella en un viejo baúl en el sótano. Pero no en los documentos que guardaba, entre ellos una carta, remitida desde Nueva York en 1912, y que hacía referencia a unas puntillas que no habían llegado a su destino. «Estoy temiendo que me las mandaran y cogieran el vapor correo Titanic , que se fue a pique a algunas millas de Nueva York», se leía en el papel amarillento. Fue en ese momento, hace unos diez años, cuando entró en escena Jesús Ferreiro. «Hasta que supe lo de las puntillas de encaje que contó Javier no tenía ni idea de la conexión gallega del Titanic », explicó ayer desde A Coruña el comisario de la exposición, y uno de los responsables de la conservación de los restos del trasatlántico hundido. Pero sí, la hubo. Y pronto se unieron todos los cabos. La historia La tía abuela de Javier estaba casada con Antonio Lema Pose, que a su vez era el propietario desde 1900 de la empresa Grandes Talleres de Galicia Moderna, especializada en la confección de puntillas y en la que estaban empleadas muchas mujeres. Con marca registrada de su material, disponía de una agente en Nueva York, que, según se pudo demostrar después, era la que había escrito la carta cuando comprobó que no llegaba el cargamento que esperaba. Allí, tal y como supo después Javier Toba, los encajes se vendían en las calles como ahora se venden las alfombras importadas. Ya había un dato desde el que continuar la investigación. Jesús Ferreiro se puso manos a la obra con la documentación del gran trasatlántico hundido en las aguas heladas de Terranova cuando viajaba, en abril de 1912, hacia Nueva York. Buscó y rebuscó hasta que encontró la palabra mágica, Spain . Apareció en el registro de los equipajes, escrita a mano, y respondía a una caja olvidada en las bodegas de proa. «Tenía que ser algo pequeño, porque en esa zona no se guardaban los bultos grandes. Estaba claro que respondía a una carga que viajaba en solitario, vamos, sin pasajero», explicó Ferreiro. Llegó entonces el momento de seguir el rastro a esta pequeña caja, cargada con puntillas de encaje y que, fin de la investigación, había llegado al puerto de Southampton a bordo del vapor Walter , procedente éste de los muelles de A Coruña. Javier Toba ha cedido a Titanic. The exhibition unas puntillas de la empresa de su familia conservadas desde el año 1910. También ha remitido hasta A Coruña una copia de la carta en la que se reclamaba el cargamento, para que se incluya entre los documentos que se conservan del mítico trasatlántico. Se unirá así a la arena de la playa de Corme, que se ha elegido como soporte de los restos expuestos por su similitud con la de los bancos de Terranova. «Escogimos ésa después de coger muestras de la Costa Brava, de Andalucía y de otros puntos de Galicia. La de Corme es la más parecida», explicó Ferreiro. Conexión española En el Titanic viajaban diez pasajeros españoles. Ningún gallego. Todas las mujeres se salvaron tras el naufragio. Y también un hombre, catalán, que, según los estudiosos, consiguió un hueco en una de las lanchas salvavidas tras vestirse con las ropas de mujer que encontró en el barco.


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