Todos se llamaban «Bambi»
Firmas
El edil del PP Roberto Relova, licenciado en Historia del Arte y profesor en excedencia del Conservatorio de Vigo, creció entre pastores alemanes y su yorkshire le hizo abandonar su ojeriza a los perros pequeños
07 Dec 2014. Actualizado a las 05:00 h.
Roberto Relova ha convivido con perros desde la cuna. «Mirando hacia atrás me di cuenta de que ha sido una constante. Están vinculados a mi vida desde que nací. Hay decenas de fotos en las que salimos mis tres hermanos y yo, y siempre hay, además, un perro de la misma raza: pastor alemán. En casa de mis padres había, en la de mis abuelos maternos también y lo más curioso era que todos se llamaban Bambi», cuenta riendo. El edil del Partido Popular, que se ocupa de los asuntos culturales en la oposición municipal, cree que se debió a una excesiva fijación familiar por la película de Walt Disney. «Mi madre y mi abuela los bautizaron a todos así. De hecho, los dos últimos eran regalados y ya venían con nombre: Láser y Lark. ¡Pues mi madre quería cambiárselo y mi padre tuvo que convencerla de que ya era tarde para eso», recuerda. «Tiene gracia porque si lo piensas, llamar bambis a los pastores alemanes era muy chocante», reflexiona.
Su querencia por los perros debe ser genética. «Mi madre ya lo heredó de mi abuela. Me llamaba la atención que hablaba con su propia mascota y con los canes que se cruzaba en la calle con total naturalidad, como si se entendieran. Ahora me veo yo mismo haciendo lo mismo».
Relova, licenciado en Historia del Arte, exdirector del Conservatorio Superior de Música de Vigo y profesor de Historia de la Música en excedencia en el mismo centro, ha seguido la tradición, «no llamándoles Bambi, pero sí teniendo pastores alemanes». y opina que «el cariño por los animales es un buen síntoma en una sociedad desarrollada. Te lo dan todo y no te exigen nada».
Hace ocho años llegaron a su casa dos cachorros hermanos, bautizados como Tosca, en honor a la ópera de Puccini y Attila, en honor a la de Verdi, como corresponde a un gran melómano. La manada se completó cuando hace cuatro años una amiga cubana le regaló a Mojito un yorkshire que no le hizo ninguna gracia. «Tengo que reconocer que hasta entonces les tenía manía», cuenta. «Al principio me mostré un poco escéptico y reticente con él y ahora estoy encantado, me parece increíble porque me llama la atención su inteligencia, su agudeza v su necesidad de afecto y protección. Se me han roto los esquemas con el pequeñito», asegura. Por su casa también pululan gatos que entran y salen y conviven con su canes. «No me molesta ningún bicho, pero los que considero que forman parte de la familia son mis dos pastores y el yorkshire». Entre todos, felinos en tránsito y cánidos, se articula una convivencia pacífica que también le sorprendió. «Es otro esquema que se me rompió. Cuando Tosca parió ocho cachorros, venía una gatita de vez en cuando y se quedaba para estar con ellos, parecía uno más en la camada», recuerda. De sus pastores alemanes destaca el contraste entre su fiero aspecto y su nobleza. «Cuando murió mi padre fue impresionante ver cómo nuestro perro reaccionó. Solo bebía agua. Me impactó. Nunca había visto un animal tan triste y mi madre se ponía peor. Se recuperó muy poco a poco», recuerda el concejal amante del arte, del cine y de la música que a pesar de su labor política no ha abandonado su carrera. «Sigo formándome, estudiando y asistiendo a congresos y seminarios cuando el trabajo me lo permite», cuenta.