Luis del Moral: «La verdad, yo no me encuentro ningún defecto»
Firmas
07 Apr 2013. Actualizado a las 07:00 h.
Es una persona afable y extrovertida. El coruñés que más sabe del mercado de trasatlánticos. «Lo más raro que me pidieron fueron cien pares de medias. En la primera tienda que entré me miraron como si estuviesen ante un loco fetichista», recuerda Luis del Moral, director de Rubine e Hijos, empresa que este año consigna la mayoría del centenar de trasatlánticos que harán escala en A Coruña. «Unos ochenta. Somos la conexión entre los barcos y la ciudad. El mundo de los cruceros es increíble», asegura. Casado (su mujer es arquitecto y fueron de luna de miel de crucero por el Caribe), padre de dos niñas de 5 y 3 años, se le sale la sonrisa de la cara cuando cuenta que al llegar a casa sus hijas gritan «¡papi!». «Es una gozada», dice. Quedamos a las seis y media de la tarde. Viste ropa deportiva y se protege del frío con una cazadora con el logotipo de la empresa. Su iPhone 5 no para de recibir mensajes. Me enseña un vídeo divertidísimo que le acaban de mandar. Dentro de una hora tiene partido de pádel. Hay que apurar.
En la cocina
«Me gusta jugar al pádel dos veces por semana, el golf, estar con la familia, viajar, disfrutar con los amigos y trabajar», comenta. Se lo piensa cuando le pregunto por algún vicio oculto. «No fumo... Me gusta el buen vino, como a todo el mundo...». Se considera una persona accesible y buena. «La verdad, yo no me encuentro ningún defecto. Pero eso lo tienen que decir los demás», reflexiona sonriente.
Coruñés del 64, su aspecto es saludable. «Hay gente que piensa que vivo muy bien, pero hablan sin saber. No me ven a las seis y media de la mañana en el puerto», comenta. Presume de los platos que mejor le salen. Hay nivel. Calamar de la ría sobre puré de guisantes y no sé que más. Carpaccio de cigalas, carne en su jugo... «Me gusta lucirme en la cocina. Si voy a un restaurante y me gusta lo que tomé pido la receta», confiesa.
Copiar de otros sitios
Dice que si le quitasen Internet «no sé que sería de mí», apunta mientras pone en silencio el móvil para no distraerse.
Cuando habla de su profesión y de la repercusión que el turismo de cruceros tiene en la ciudad lo hace con contundencia. «Lo más difícil está hecho. Ahora no se trata de inventar nada, sino de copiar lo que hacen los demás. Creo que el mayor centro comercial es, precisamente, la zona centro. Pero hay que compatibilizar los horarios de los negocios con los de los cruceristas y editar un calendario en el que se tenga en cuenta qué tipo de pasajeros y de qué poder adquisitivo viajan en cada uno de los trasatlánticos, si es un barco que hace su primera escala en A Coruña o si es la última... Intentar sacarle más dinero al turista», analiza Luis del Moral. Sus compañeros de pádel le esperan.