La Voz de Galicia

«De vez en cuando hay que utilizar las armas de mujer»

Firmas

Sandra Faginas

Lleva cuatro años en la piel de la ambiciosa Vanessa Viaño en «Matalobos», pero María Mera es mucho más: inmersa en sus estudios de periodismo, deja a un lado su carpeta de apuntes para seducirnos con su cara más dulce y una sensualidad a lo Marilyn Monroe

14 Mar 2012. Actualizado a las 14:41 h.

M aría Mera (Boqueixón, 1986) tiene esas medidas de escándalo y esa belleza natural que hace que cualquiera se gire a su paso por la calle. Sin embargo, ella prefiere colarse entre la muchedumbre como una estudiante más cubriendo con una visera su cabeza y portando en sus manos una carpeta llena de apuntes. «Estoy en tercero de Periodismo, lo estoy haciendo en Madrid, y ahora tengo que estudiar a diario», aclara con esa dulzura suya tan alejada de su personaje en Matalobos, Vanessa Viaño. María Mera es desde hace cuatro años Vanessa y a ese papel se ha entregado en cuerpo y alma para desarrollar una imagen de mujer ambiciosa, sensual, conquistadora, pero con una parte muy sensible y atormentada. Como Marilyn Monroe, el mito, cuya muerte en 1962 ha marcado este 2012 como el año del 50.º aniversario, lleno de homenajes y recuerdos a los que María Mera, nuestra Marilyn gallega, se ha querido sumar en una versión actualizada y moderna de la mujer que sigue simbolizando el deseo.

-¿Se ha cambiado ya el nombre, porque todos la llaman Vanessa?

-El nombre de Vanessa no es que me guste mucho, pero, bueno, sí es cierto que la gente ha reconocido ese trabajo y me para por la calle, me dan muchos consejos y me llaman la atención, en plan: «¡Non sexas tan mala coa túa nai!», «¡Ay, Dios mío, qué mala eres!».

-¿Le preocupa acabar marcada por este papel?

-En absoluto, porque hice y hago muchas más cosas, por suerte soy muy distinta al papel y tengo otros registros. Aunque el personaje también ha evolucionado mucho.

-¿Le gusta esa imagen de mujer poderosa que lleva las riendas?

-Como personaje, sí, como María, no. A mí todo lo que sea muy distinto a mi carácter me gusta, porque aprendes mucho más y lo pasas mucho mejor. Yo en la realidad no soy tan mala [risas].

-Vanessa es capaz de casarse con un capo por ambición y seguir amando en la clandestinidad a otro, eso es autocontrol, ¿no?

-Por supuesto, hay que ser lista en la vida, y ella es muy lista. Vanessa es una mujer cerebral, que basa todo en su imagen, en ser guapa, gustarles a los hombres, conseguir lo que quiere, que es el dinero, porque trabajar no le gusta. Aunque, bueno, tiene su corazoncito.

-¿Y María?

-Yo soy muy emocional, impulsiva, espontánea y me dejo llevar. Y eso hace que todo lo viva intensamente, tanto lo bueno como lo malo. Las personas sensibles creo que tenemos esa carga emocional, y yo soy muy sensible.

-¿Qué es lo más próximo que tiene Vanessa de usted?

-Aunque tenemos el mismo físico, obviamente, las dos le sacamos partido distinto, ella siempre va con vestidos y taconazo, y yo soy de vaqueros y jerséis, en eso no nos parecemos tanto, aunque pueda parecer que sí. Y en cuanto a la forma de ser, quizás, desde lugares diferentes, las dos somos muy cabezotas: yo, si me propongo hacer algo, lo hago cueste lo que cueste.

-Su Vanessa es un poco Marilyn, con esa doble cara: sensual, conquistadora pero atormentada. ¿La reconoce así?

-Creo que las dos usan sus armas de mujer para potenciar su imagen, ambas manejan y funcionan con su poder de seducción.

-¿Y qué le parece que las mujeres hagan uso de esas armas?

-Ni bien ni mal, depende del contexto. De vez en cuando creo que hay que usarlas, porque los hombres son bastante torpes [risas], y con eso de estar un poco guapa, una ya los manipula, así que ¡siempre que sea para fastidiar a un tío!

-Marilyn decía que a los hombres sí se les puede decir las verdades, pero las mujeres no están preparadas para oírlas, por eso caen en conversaciones superficiales. ¿Somos tan malas unas con otras?

-En su situación, lo entiendo: una mujer sumamente envidiada, sin amigas. Pero yo confío en las mujeres, les cuento muchas cosas, aunque es cierto que tengo más amigos hombres. Ellos son más fieles, y ellas algo más recelosas, pero yo tengo dos pilares, dos amigas, con las que hablo de todo. Aunque mi mejor amiga es, sin duda, mi madre, a la que le cuento más, no todo, claro, pero más sí.

-¿Y en la profesión le han puesto muchas zancadillas? Ya sabe: mujer rubia, joven y guapa...

-Paso mucho de eso, no me influye porque al final todo depende de la actitud que tú tomes frente a las cosas. A mí no me parece tanto el éxito, porque lo vivo de una manera natural. Sí es cierto que me conocen por la calle y están pendientes de mí, pero a mí me gusta que la gente me hable. A lo mejor, cuando voy con alguna amiga, sí es verdad que me dicen: «Jo, ir contigo es un rollo».

-¿Y rompe más corazones ahora?

-Yo creo que antes ligaba más. Es verdad lo que decías de que, de alguna manera, hay siempre prejuicios, y por trabajar en la televisión algunos piensan que eres una creída, y sí que se tiende a pensar que por tener una imagen pública una persona ya es estúpida.

-Pero suelen reducirlo todo al físico.

-Claro. Pero a mí no me preocupa eso, me da igual. Yo creo que la gente que te quiere y valora tu trabajo se da cuenta si llegas por ser guapa o por tu trabajo, aunque seas guapa, ojo.

-De todas formas, Marilyn no fue una mala actriz, y al final la recordamos como un icono de arte.

-Bueno, es que una vez que tú tienes una imagen pública tú eres quien la potencia, eres responsable, y Marilyn también fue responsable de crear ese icono erótico, creo que en eso hay que tener cuidado con las entrevistas que haces, dónde sales, etcétera.

-¿Y usted ha tenido que sacarse muchos moscones de encima?

-No, no... Además yo soy muy riquiña y muy educada, hablo con todo el mundo y si me invitan a bailar, bailo. Por cierto, desde aquí hago un llamamiento para que los hombres bailen más. Y si se ponen muy pesados, voy al baño, o les digo que me está esperando un amiga [risas]. A mí me gustaría que los chicos


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