La Voz de Galicia

Cuatro vidas en torno a un café

Ferrol

TEXTO Beatriz Antón FOTO José Pardo

Hace ya 40 años que José y Clara abrieron la cafetería Dover; su hija y su yerno continúan ahora el negocio familiar

31 Jan 2010. Actualizado a las 02:00 h.

Quien cruce por primera vez el umbral del café Dover se dará cuenta enseguida de que se trata de un local con mucha historia. En una de las paredes, José García y su esposa, Clara Salido, miran a la cámara con una sonrisa en blanco y negro, parapetados tras la misma barra de madera en la que hoy, más de 40 años después, sirven cafés y chupitos su hija María Jesús y su yerno Chechu. «Esta fotografía nos la tomó un primo mío, poco después de comprar el café, en el año 1964», cuenta Clara con algo de nostalgia en la voz.

Son algo más de las doce del mediodía y por la puerta del Dover no dejan de entrar y salir clientes. Por los oídos se cuela música de jazz. Y en el paladar, el café deja una huella inconfundible. «Esta es sin duda la marca de la casa. Pepe se inventó una mezcla de cinco granos diferentes de café hace más de cuarenta años y desde entonces no se ha cambiado, porque a la gente le encanta», explica Chechu muy orgulloso.

Su suegro, el famoso Pepe, interviene para explicar que si bien es cierto que el Dover adquirió fama por su café, no siempre fue así: «Lo cierto es que comenzamos sirviendo vinos y tapas, pero a los pocos años decidimos dejarlo, porque aquello nos daba mucho trabajo». Desde entonces ha pasado mucho tiempo, pero Pepe todavía recuerda lo mucho que gustaban los platos que su mujer preparaba. «Es que yo hacía de todo: mejillones, pulpo, almejas, tortillas... La verdad es que el trabajo era bastante duro, pero siempre lo llevamos bien», cuenta ella echando la vista atrás.

Mientras sus padres hablan del pasado, Chus no para de trajinar, pero, entre café y café, logra encontrar un hueco para explicar que, aunque nunca fue su sueño, no se arrepiente ni un pelo de haberse hecho cargo del negocio. «Mi marido ya trabajaba en hostelería y, además, me daba mucha pena que esto cerrase, después de tantos años de trabajo y esfuerzo», explica.

La clientela -compuesta, sobre todo, por comerciantes de A Magdalena, «gente de la banca» y algún que otro político y funcionario municipal- apenas ha notado el cambio. «Tanto Chus como Chechu son moi falangueiros e a verdade é que o fan moi ben», anota uno de los asiduos. Y Pepe y Fina, dos clientes de toda la vida, no se pueden marchar sin poner la coletilla. «Pon ahí que es el mejor café de Ferrol... ¡Y casi el mejor de España!», dice él entre risas. «Fíjate sí será bueno -apunta ella- que nosotros venimos desde O Val solo para tomarlo».


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