El pintor imaginario de Max Aub
España
Madrid, Madrid, Madrid El Reina Sofía reúne treinta cuadros de Torres Campalans, seudónimo del escritor
13 Jun 2003. Actualizado a las 07:00 h.
El museo Reina Sofía dedica una muestra a Josep Torres Campalans. Este pintor vanguardista nació en Lleida en 1886, hijo de payeses. Decidió entregarse al arte cuando visitó el museo del Louvre: a la salida compró cinco lápices y tres hojas de papel, y se dijo «a ver qué me sale». Inspiró a Picasso Las señoritas de Avignon tras una visita compartida a un prostíbulo barcelonés. Junto con el genio malagueño y Braque, sentó las bases del cubismo. Sin embargo, lo más destacable de la aventura vital de Torres Campalans no es su aportación a la pintura. Ni siquiera lo son sus escogidas amistades -Juan Gris, Delauney, Modigliani...-. Lo realmente extraordinario es que el artista nunca existió fuera de la imaginación de Max Aub. El escritor inventó una biografía trufada de datos para su personaje, y pintó él mismo alrededor de cien cuadros que luego firmaba con las iniciales de esa especie de alter ego que había imaginado: T.C. Buena parte de la crítica de la época creyó a pies juntillas en la existencia de Torres Campalans, y es que el rigor impostor de Aub le llevó incluso a encargar un fotomontaje: el pintor ficticio aparece sentado, con su íntimo amigo Picasso, en el mítico bar Les Quatre gats de Barcelona. Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Max Aub, el Reina Sofía alberga una treintena de obras pintadas por el escritor al servicio de Torres Campalans. Óleos, acuarelas y collages comparten sala con con el Guernica de Picasso y resisten la comparación con una decena de obras de vanguardistas como Gris, Chagall o Matisse. El presidente del Gobierno, José María Aznar, y la ministra de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, inauguraron ayer esta exposición dedicada a al pintor que Max Aub imaginó para reflexionar sobre la vanguardia. La Violetera, símbolo trasnochado de un Madrid de chotis y barquilleros, ya tiene un sitio en la capital. Desde que la escultura, obra del artista Santiagao de Santiago, fuera retirada de su emplazamiento original en la confluencia de las calles Alcalá y Gran Vía, con motivo de las obras de remodelación de la zona, La Violetera ha andado desubicada y el alcalde en funciones, José María Álvarez del Manzano, ansioso por encontrar un sitio a la altura de su tradición verbenera. A pesar de los muchos que opinaban que, a estas alturas, La Violetera no merece un lugar emblemático en la ciudad, Manzano se ha mostrado firme en sus ambiciones castizas y no ha querido ver su mandato concluido sin dejarlo todo bien atado. El regidor ha aprovechado la cuenta atrás de su alcaldía para ver su sueño cumplido, instalando ayer la escultura en Las Vistillas. Este emplazamiento, menos comprometido que el anterior, había sido acordado por los grupos políticos municipales (PP, PSOE e IU) como conclusión de un apasionado tira y afloja motivado por al empeño de Manzano. El aún alcalde no se ha olvidado de dejar a La Violetera repartiendo ramilletes antes de abandonar su cargo. Casi subrepticiamente, con gran precipitación y sin asistencia de políticos, se salió ayer con la suya.