La renovación de Diego Castro, paralizada por el fichaje de su padre y agente Castro Santos por el Leixões, divide al Sporting
19 Feb 2010. Actualizado a las 10:13 h.
El sportinguismo tiene un ojito derecho y nació en Pontevedra en 1982. Por eso, el frenazo que han sufrido las negociaciones para la renovación de contrato de Diego Castro ha fruncido el ceño a más de uno. Sobre todo, a aquellos que apoyan la iniciativa ¡Renovación ya! que acompaña a cada opinión en Internet acerca del futuro del gallego, cuya relación con la entidad asturiana termina en junio del año 2011. La directiva del Sporting no apura tanto el paso. En conclusión, Diego Castro está en el mercado. Y será libre de negociar su futuro desde el próximo mes de enero.
El futbolista ha puesto algo de su parte para encender el debate, por supuesto, y su revalorización a golpe de excelentes partidos y golazos decisivos han precipitado los acontecimientos.
No hace mucho que su padre y representante, el entrenador gallego Fernando Castro Santos, acudía a un encuentro con el club para iniciar las conversaciones. Pero se inmiscuyó la crisis de un histórico del fútbol portugués, el Leixões, que vio en Castro Santos a su salvador desde el banquillo. Las negociaciones quedan aparcadas hasta que los lusos alcancen la tranquilidad.
Mientras ambas partes han lanzado sus mensajes de optimismo, la cautela invade el ambiente con respecto a los próximos movimientos. Diego Castro posee una cláusula de rescisión de seis millones de euros y se encuentra en el segundo escalón salarial del equipo. El club, consciente de que su cotización ha subido desde la última firma (verano del 2008, tras el último ascenso), ha manifestado que «quizás no pueda competir económicamente con otros aspirantes a ficharle». La afición interpreta esta declaración de intenciones como un deseo del club de hacer caja con la venta del gallego al término de la presente temporada.
El Valladolid ya intentó ficharlo antes del ascenso a Primera. El Racing de Santander especula con su posible incorporación para la próxima temporada, el Getafe ya se ha postulado como candidato y Emery filtró a sus allegados que lo querría a sus órdenes, si continúa en el Valencia.
El descenso a Segunda División (el Sporting es ahora decimotercero con veinticinco puntos, a cinco de los puestos de rebajamiento de categoría) abriría a Diego Castro otra opción de venta. La presencia del actual entrenador Manolo Preciado es otro de los factores a tener en cuenta en esta situación.