La hidratación, la vestimenta adecuada y la lucha contra el temible viento seco centran el trabajo previo de las selecciones.
22 Jul 2004. Actualizado a las 07:00 h.
La batalla contra las condiciones climáticas se ha convertido en el primer duelo de Atenas. A tres semanas del inicio de los Juegos Olímpicos, los equipos se las ingenian para que sus deportistas acusen lo menos posible los 40 grados de temperatura que les esperan.
Australia revolucionó el ambiente con su chaleco de gel, pero los chinos y mexicanos enseguida se apresuraron a presentar una vestimenta similar. El resto de los 16.000 concursantes que espera la villa olímpica no lucirán tan estrafalario atuendo, pero además de una ropa ligera y específica, también deben llegar debidamente acondicionados.
La prehidratación y la aclimatación se han convertido en el principal objetivo en la antesala de la cita olímpica. Todos los equipos se han preocupado de que sus deportistas lleguen lo más preparados posible. La consigna es consumir mucho líquido. Unos dos o tres litros diarios con el fin de acostumbrarse. Es la cantidad que presumiblemente necesitarán para la competición llegado el momento.
«No se puede llegar el primer día y darle a beber tres o cuatro litros a una persona. Todos necesitamos un período de adaptación. Hay que ir bebiendo esos litros diarios desde varios días antes de la competición», comentan los expertos, que también apuestan por las sales minerales y otros compuestos isotónicos que en un primer momento habían estado prohibidos por el COI, que más tarde tuvo que ceder ante las numerosas quejas de los diferentes equipos, que argumentaron incluso problemas de salud para sus deportistas. Una de las normas generales es que los atletas no pierdan demasiado peso.