La Voz de Galicia

Espadas en alto tras el empate entre Dépor y Espanyol

Deportes

ALFONSO ANDRADE BARCELONA. Enviado especial

DEPORTIVO / SUPERCOPA Las espadas siguen en alto, pero la balanza de la Supercopa se inclina ahora hacia el lado del Dépor, que deberá aprovechar el factor campo para conquistar en Riazor el cuarto título oficial del fútbol gallego.

21 Aug 2000. Actualizado a las 07:00 h.

En un partido bastante tedioso excepto al final, la propuesta del Dépor fue exactamente la del año pasado _con un par de ausencias sensibles_. Y el Deportivo, por tanto, esgrimió idéntico cúmulo de virtudes y defectos, de sobra conocidos. En síntesis, un equipo rocoso, difícil de sorprender, pero que fuera de casa no termina de compensar su solidez defensiva con más pegada. El Dépor se adelanta y presiona al rival, pero en cuanto roba tiene tiempo para dormir una siesta hasta que vuelve a montar el ataque. En esa lentitud de maniobra, el Espanyol encontró facilidades para el repliegue. El bagaje final ante el campeón de Copa es positivo, pero se sigue echando en falta velocidad en esa transición y ruptura en las bandas y en la vanguardia. Djalma y Fran, muy voluntariosos, estaban más pendientes de las coberturas que de montar el ataque, y Pauleta navegaba en su ignota isla de soledad. Eso sí, el Dépor era ayer el principal interesado en dormir el partido, y a fe que lo consiguió en la primera parte. Así llegaron arduos minutos de sopor y una meritoria batalla del público contra el aburrimiento. Sólo la velocidad de Posse, bien abastecido por Galca y Sergio, trajo en jaque a los centrales. Songo''o respondió a la artillería del argentino con una memorable parada, superada incluso por la que le hizo a Sergio con el partido acabado. También Naybet estuvo rápido atrás, aunque a veces abre el paracaídas a sólo tres metros del suelo, lo que hace subir la temperatura en el banquillo. Pese a cierta parsimonia en el centro del campo, lo cierto es que este Dépor es capaz de controlar un partido de forma insultante, y en medio de ese aparente letargo no faltan las guindas de Djalma, Fran o Víctor. La entrada en la segunda parte de Turu Flores y, sobre todo, una mayor decisión ofensiva de Romero y Manuel Pablo dieron otro dinamismo al equipo, que mereció el gol. El canario se decidió a coger el pincel del artista. Pintó un balón medido en la cabeza de Pauleta, y el de las Azores... Pauleta es corazón en estado puro. La pierde. Corre, se tira y no llega. Con el gol mantiene una relación caprichosa. Eso sí, Nando jugó con el aliento portugués en la nuca todo el partido, y eso lo puso muy nervioso. Los últimos minutos fueron para la fantasía de turu y el achuchón final de los periquitos, aunque todo lo sucedido no tuvo trascendencia en el marcador.


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