La reina Isabel II se va de pesca
A Coruña
En una visita a la ciudad en 1858, presenció un cerco de sardinas
24 Nov 2013. Actualizado a las 07:00 h.
Fueron varios días de intensos y emotivos festejos. La reina Isabel II estaba en A Coruña. Le acompañaban su marido, el rey Francisco de Asís, y sus hijos, la infanta María Isabel, de seis años, y el príncipe de Asturias, Alfonso, de diez meses; también venían varios ministros y el presidente del gobierno, el general O?Donnell. Procedían de Asturias, pasando previamente por Ferrol. El motivo principal de la visita era la presentación oficial del heredero de la corona al pueblo y llevar a cabo una campaña de prestigio y apoyo a la monarquía isabelina. Al mismo tiempo, el viaje se aprovecharía para realizar diferentes inauguraciones que mostrasen el progreso de España.
La reina llegaría por mar al puerto coruñés el 5 de septiembre de 1858, inauguraría al día siguiente las obras de la línea del ferrocarril a Madrid y asistiría a diversos actos organizados por la ciudad. Muchas historias que contar recogidas en los expedientes del Archivo Municipal coruñés, en la prensa de la época y en la crónica oficial del viaje realizada por Juan de Dios de la Rada y Delgado. Entre los más actos más peculiares destacan los realizados en la tarde del sábado 11 de septiembre en la bahía.
A las cinco y media de ese día, la familia real llegó a la plaza de la Aduana coruñesa (situada delante de la actual sede de la Subdelegación del Gobierno). Descansó unos momentos en la elegante tienda de campaña de damasco carmesí que se había alzado en ese lugar y saludó a las autoridades. La infanta y el príncipe, vestidos con trajes de labradores gallegos, regalados por el ayuntamiento coruñés, arrancaron numerosos aplausos del gentío. La reina alzó en su brazos al príncipe y lo presentó al pueblo, provocando nuevas aclamaciones de entusiasmo. Poco después Isabel II ocupó la falúa real que, dispuesta en forma de góndola veneciana, estaba allí atracada. La tarde era apacible y el mar estaba en calma.
Expectación
Rodeada de numerosos botes y lanchas engalanadas, la falúa real, cuyos remeros, vestidos de frac y gorra de galón, eran los capitanes y pilotos de los buques mercantes surtos en el puerto, se dirigió hacia la zona de pesca. Al cruzar la línea de los castillos de San Antón y de San Diego fueron saludados con veinticinco cañonazos. A la altura del Seixo Branco les esperaban dos lanchones que ya tenían sus redes de cerco tendidas en las aguas. A una orden de la reina, los dos lanchones se fueron acercando lentamente, realizando una suave curva. Al mismo tiempo, un coro de gondoleros cantaba una alegre barcarola: «Ya los barcos con presteza/Van cercando la mar/Ya los diestros pescadores/Van las redes a lanzar». Al poco rato la superficie de las aguas se llenó con los reflejos plateados del gran banco de sardinas capturado. Concluida la pescata, unos cañonazos anunciaron el comienzo del siguiente acto: un simulacro de combate naval. Todos estaban contentos: la reina y los coruñeses. Irónicamente, diez años después, en septiembre 1868 los coruñeses se alegrarán de mandar al exilio a Isabel II.