La Voz de Galicia

Una unión nada artificial

A Coruña

Gabriela Ruiz

Nicolás sigue una tradición que lleva en su familia desde 1890, cuando su tatarabuelo se inició en el oficio pirotécnico

20 Jul 2009. Actualizado a las 12:02 h.

La historia pirotécnica de Nicolás comenzó cuando tenía 16 años y su padre le dio la primera mecha. Ahora, con 50 años, ya no recuerda la cantidad de fuegos artificiales con los que ha iluminado y llenado de ruido cielos de toda Galicia y del norte de España.

Nicolás cuenta que la profesión que les ha enseñado a sus hijos lleva en la familia desde 1890. Más de cien años y cuatro generaciones dedicadas a la fabricación y venta de fuegos artificiales, así como a su disparo y su transporte.

Todo comenzó con su tatarabuelo, al que unos vecinos le enseñaron el oficio. A este le gustó y pronto comprendió que era algo que estaba hecho para él. Después lo aprendió su hijo, y de su hijo, su nieto, hasta llegar a nuestros tiempos, en los que la empresa ha crecido espectacularmente. En palabras de Nicolás, «no es un negocio que haya cambiado mucho, hay cosas que siguen igual, pero evidentemente sí se nota una evolución. Antiguamente la pólvora se cargaba a mano en los tubos. Ahora tenemos máquinas para eso, y los grandes disparos se hacen por ordenador».

La empresa pirotécnica Areas, S.?L. nace con una única fábrica en Paderne, donde tiene su domicilio social y donde vive toda la familia. La fuerte demanda de trabajo que mantienen desde hace décadas la ha convertido en la firma más fuerte en el sector, y ha tenido como consecuencia la compra de la otra grande en Galicia, Pirotécnica Rocha, con la que hace dos años unificó nombres. Nicolás comenta entre risas que están tan cargados de trabajo que un par de clientes menos no se echarían en falta, y que no se puede considerar una empresa exclusivamente familiar, como cuando su abuelo o su padre la dirigían: ahora tienen ocho empleados que no son de la familia.

Rafael y Fernando, los dos hijos de Nicolás y María del Carmen, continúan los pasos de sus padres. Fernando está en el taller y Rafael es el encargado del diseño de los disparos. «Se trata de una profesión muy bonita pero que absorbe todo el tiempo», comenta Nicolás. Y añade con morriña: «Cuando tenía 25 años y mi padre me ordenaba cosas yo no lo comprendía; ahora sucede al revés, yo soy quien ordena».

Montar un espectáculo requiere tener los cinco sentidos alerta para evitar errores humanos, aunque otros, como el sucedido en la fábrica de Areas hace dos años, donde explotaron dos almacenes, no haya manera de evitarlos, ni explicarlos. «Yo a los cuatro años veía pólvora frente a mí, igual que mis hijos; por esa razón no tenemos miedo a los accidentes. Otra cosa es lo que no tiene razón de ser», dice.

Los fuegos artificiales en Galicia se consideran un elemento imprescindible en la mayoría de celebraciones: palmeras, sauces, lentejuelas de colores y paracaídas son un básico que puede hacer que el presupuesto de una fiesta ascienda entre 4.000 y 80.000 euros. Nicolás cuenta que los espectáculos que más le enorgullecieron fueron la batalla naval, los fuegos de Cedeira y Pontedeume y los recientes fuegos del nombramiento de la Torre como patrimonio de la humanidad.


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