La Voz de Galicia

Un florilegio para una ciudad

A Coruña

Carlos Fernández a coruña

Historias de A Coruña | De Picasso a Hemingway pasando por Cunqueiro

30 Dec 2006. Actualizado a las 06:00 h.

Poco antes de morir, en 1990, el librero Fernando Arenas pensaba editar un florilegio de A Coruña donde se resumiesen todos los elogios a la ciudad de personajes nativos y extranjeros. Ahora, dieciséis años después, su hijo Manuel ha dado cima a ese proyecto con un libro ciertamente espectacular, acompañado de numerosas fotos en color de Pablo J. Rodríguez Cortés y Óscar Fernández Méndez. El libro, titulado La Coruña a luz de Luna , se inicia con un breve poema de Isidro Conde: «La Coruña: fin y raya/ La dulce mar, femenina/ te besa sobre la playa». Le siguen unos párrafos de Julio Rodríguez Yordi sobre la noche coruñesa y una frase de Pablo Picasso: «El viento ha comenzado y continuará mientras La Coruña exista». Para Manuel Murguía, es la más bella ciudad del Cantábrico, mientras el periodista Emilio Merino remarca su marcado talante liberal. Otero Pedrayo destaca la claridad de su mar y la belleza rítmica de sus olas. Felipe-Senén la define como «un puerto de piedra, luz, viento y agua». De González Garcés se inserta un párrafo en prosa, que empieza así: «Ciudad en el paisaje. Paisaje ella misma. Campo, mar, cristal, alegre luz. Verde de árboles, azul de mares. Esbelto perfil tendido, tallado por brisas y luces». Casualidad y providencia Para Cela tiene «la calle más hermosa y mejor trazada del mundo, la Marina, esa vía que dibujaron al alimón la casualidad y la Divina Providencia». Fernández Mato, director de El Pueblo Gallego en los años 20, piropea a las coruñesas «de ingenio acechante y ternura escondida, el producto más refinado y subyugador de la ciudad». Azorín escribe que al llegar aquí, «pierde la noción del tiempo y del espacio», además de recordar a Rosalía de Castro. Unamuno, a comienzos del siglo XX, tras una conferencia en Artesanos, dijo: «En La Coruña respiré un aire de social tolerancia y de amplitud de criterio que contrastaba con el hosco que nos enfoca en otras partes de España». Emilia Pardo Bazán recuerda: «Marineda era en mi niñez un navío en cuyos cordajes y arboladura no cesaba de engolfarse, de silbar, de rugir, la furiosa ventolera. Pero al caer la tarde, el desatado viento se aplaca y la noche se vuelve apacible». Cunqueiro, en un artículo en La Voz, proclama lírico: «¿Qué estrella tomó con sus enormes manos Breogán para su faro? Alguna Polar que quizá se perdió en esa inacabable marcha de los siglos con las leguas y las estrellas». El presidente de la Real Academia Galega, Xosé R. Barreiro, hizo esta definición: «A Coruña fue y es así: progresista, laica, liberal, castellanizante, vital, porque nació de un pacto libre entre el rey y unas docenas de vecinos que la repoblaron en el siglo XIII». Santiago Casares Quiroga escribirá en La Voz que quiere una Coruña viva, tanto cultural, como social y económicamente. El duradero alcalde Francisco Vázquez, destaca: «La Coruña va a seguir estando plenamente integrada en la modernidad. Pero lo va a estar con la garantía de que su peculiar idiosincrasia se mantendrá vigente». Aparte los citados poemas de Isidro Conde y González Garcés, también aparecen otros de Luz Pozo, César Antonio Molina, Curros Enríquez, César Alvajar y el ya mítico de Alberto García Ferreiro, que termina con: «Chorei que eu non sabería/ e San Pedro non me escoite/ d¿escoller que escollería/ si entrar na Coruña de noite/ ou entrar no ceo de día». La noche Para Mariano Tudela, «gozar de la noche coruñesa es un secreto que aquí, en esta ciudad que es la mía, se conoce muy bien. Ya se sabe que el coruñés, por el hecho de serlo, está vertido, abalanzado sobre la calle». Eduardo Blanco Amor, cuando era corresponsal de La Nación de Buenos Aires, escribió en los años 30: «El coruñés lo es por eucaristía, por la comunión devota y cotidiana del hombre con el paisaje y la ciudad. El coruñés está encarnado en la ciudad como el espíritu en la forma. Son dos y uno». Fernández Flórez consideró a la ciudad como «el barco inmóvil»; Luis Caparrós dijo que era «la ciudad más marinera del mundo»; María Casares escribió que no quiso volver a La Coruña para no empañar los bellos recuerdos de su infancia y adolescencia; Torrente Ballester destaca su «elegancia innata»; García Sabell la define como «una ciudad que no tiene época»; y Luis Miguel Dominguín reconoce: «De no ser madrileño, me hubiera gustado ser coruñés».


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