Un faro reconvertido
A Coruña
Historias de A Coruña | Nuevos usos para los edificios marítimos La sede de la asociación Armada Invencible era la antigua torre de luz que durante muchos años estuvo en Oza
12 Mar 2005. Actualizado a las 06:00 h.
A comienzos del siglo XX, sólo el faro de Hércules y el de Prioriño servían de guía para entrar en el puerto coruñés, bien por el canal norte o por el del oeste. Como ambas luces estaban casi enfrentadas, no formaban un ángulo de suficiente garantía para establecer las sucesivas posiciones de los buques, por lo que la comisión de faros decidió, en la primavera de 1904, la instalación de un faro en la punta de Oza, para facilitar el acceso por el norte. La construcción se haría junto al Lazareto que funcionó en el mismo lugar, que había sido inaugurado en 1888, y frente al cual fondeaban los buques que debían de someterse a la reglamentaria cuarentena. Como la instalación del faro se demoraba, la delegación provincial de la Liga Marítima Española, entusiasta organización no gubernamental, como se diría ahora, reclamó su urgente construcción, a la que añadían, además, la colocación de otra luz en Mera, donde hoy se encuentran las enfilaciones del mismo nombre. Finalmente, el 4 de enero de 1908, por una orden de la Dirección General de Obras Públicas, se encargó al ingeniero Salvador López Miño redactar un proyecto de faro para Oza, que iría sobre la antigua plataforma de una batería y fuerte que allí había existido y en una posición más baja del antiguo lazareto, reconvertido en sanatorio marítimo. Eran 14 los metros de altura que tendría el faro sobre el nivel del mar, lo que unido a su potencia luminosa serviría de gran ayuda para que los buques evitasen el lado este del banco de las Yacentes (donde encallaría luego el Urquiola ), aunque en las primeras décadas del siglo XX no hubiese buques de tanto calado como el superpetrolero, pero si de importancia, como eran los vapores correos que comenzaron a recalar en A Coruña para servir la línea de América. Proyecto El proyecto definitivo de López Miño se remitió a la Superioridad en febrero de 1910, resultando un edificio de dos pabellones de 11 metros de largo por 5 de ancho. El faro iba sobre una torre cuadrada terminada en cúpula, integrada en la vivienda del farero. Según el magnífico libro Faros de Galicia , de José A. Sánchez García y varios colaboradores, editado por la Fundación Caixa de Galicia, «se hacía evolucionar una tipología tendente a economizar costes y espacio útil, ya ensayada en Galicia en el siglo XIX con el faro de Ribadeo y en el resto de España, como los murcianos de la Podadera, Escombreras y el de las islas Hormigas, y, sobre todo, el catalán de Salou». En cuanto a la linterna cilíndrica de cristales curvos, se aprovecharía la del antiguo faro de las islas Sisargas. Las obras se adjudicaron en septiembre de 1911 a Juan Mosquera por un valor de 24.500 pesetas, aumentándose posteriormente por tareas de cimentación en otras 5.000 pesetas. En 1914, con la construcción casi terminada, se aumentó la altura del torreón en 10 centímetros, ya que se había adquirido una linterna de mayor diámetro que la proyectada. Puesta en marcha Aunque la obra se recepcionó en 1915, el faro de Oza no entraría definitivamente en servicio hasta el 20 de agosto de 1917. La lámpara eléctrica era de 200 bujías, que había sido adquirida en París por 15.500 francos. Emitía una luz blanca, con ocultaciones de 12 segundos y medio. En 1932, el faro de Oza sufrió una reforma con el objeto de darle mayor alcance, colocando, además, otra luz, a 300 metros del faro, que sirviera de enfilación para el canal norte de entrada al puerto (entonces no existía el dique de abrigo y el castillo de San Antón era una isla), con el que poderse librar de los bajos del Pedrido, la restinga del Seixo y la roca de las Ánimas. La intensidad y alcance del faro aumentó hasta 15 millas, cambiando a luz blanca centelleante, con sectores rojo y verde. La enfilación estuvo en uso hasta 1955, en que, con las obras del dique de abrigo en marcha, fue sustituida por la de punta Fiateira (Bastiagueiro). El servicio del faro de Oza se suprimió en 1963 y el edificio quedó abandonado, siendo refugio de mendigos y de niños aventureros. Al final fue recuperado por la Autoridad Portuaria y cedido, tras acondicionarlo, a la pujante asociación cultural Armada Invencible. Curiosamente, frente al faro fondeó, en tiempos de Felipe II, la famosa flota española cuando salió rumbo a Inglaterra.