La Voz de Galicia

Qué carrete el de Cañete

A Coruña

Rubén Ventureira a coruña

En directo | Maratón del ministro en A Coruña y Oleiros Selló dos convenios, hizo fotografías con su teléfono móvil, navegó a bordo de una patrullera, paseó por la Marina, firmó libros e hizo campaña en Oleiros

03 Feb 2004. Actualizado a las 06:00 h.

Habló para los periodistas, defendió la Constitución, rubricó un par de convenios, volvió a hablar para los medios y a defender la Constitución, navegó en una patrullera, fotografió a un conselleiro, picó delicias del mar y de la tierra, paseó por la avenida de la Marina y por O Parrote, presentó un libro de cocina, rellenó de nuevo el estómago e hizo precampaña electoral en Oleiros, donde aprovechó, faltaría más, para defender la Constitución. Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, se sometió ayer en A Coruña a un tute a lo Manuel Fraga, pero a velocidad mucho más pausada que la empleada por el presidente gallego. «Como buen andaluz que soy, nunca tengo prisa», reconoció el ministro en la localidad oleirense, donde estaba situada la meta del maratón. Cañete demostró que tiene largo carrete. Conciencia ecológica Pero volvamos al génesis. Son las diez y media de la mañana. El tour coruñés del ministro arranca a esa hora en la delegación del Gobierno. Tras la firma de un par de convenios, Cañete y el conselleiro de Pesca, Enrique López Veiga, se marcan cerca de tres cuartos de hora de rueda de prensa. De ahí toman rumbo, en coche oficial, al muelle de trasatlánticos. Toca estrenar una patrullera de inspección pesquera fabricada por el grupo Rodman. Es obligatorio ponerse los salvavidas, que vienen envueltos en plásticos que quedan esparcidos por el muelle. «No contaminéis», ruega como si fuese el ministro de Medio Ambiente, y unos diligentes funcionarios se animan a recoger los desperdicios. De maniobras Ya a bordo, presume de móvil, un Nokia último modelo. Tira fotos. ¿A la torre de control? (por cierto, el ingenio popular ha rebautizado este edificio como El Tetris ) ¿Quizá al castillo de San Antón? Después se lo preguntaremos. La patrullera hace jaris , que en koruño (idioma oficioso de la ciudad-estado) significa maniobras chulas. Se exhibe. Acelera hasta casi los treinta nudos. Poco antes de llegar a la boya que indica que ahí se la pegó el Urquiola , el barco da marcha atrás. Toca tierra Cañete y su séquito, numeroso y ppopular . Para asentar el estómago tras la rauda singladura, pica empanada de zamburiñas y bebe una coca-cola. Relajado, se presta a una pregunta trivial. -¿Con qué foto se queda de A Coruña? -Con la del puerto exterior. -No, nos referimos a las fotos que ha hecho con su móvil. ¿Al castillo de San Antón? -Ah. He sacado una foto con mi móvil al conselleiro López Veiga, con la bandera gallega como fondo. Sale en toda su dimensión, je, je. Es para mi colección. Miren, miren. Enseña la imagen. Se maneja bien con el móvil. Como buen andaluz, no tiene prisa. Así que decide ir a pie hasta el hotel La Toja Finisterre. Todos le imitan. Antonio Erias, que ha estilizado su figura, y Fernando Rodríguez Corcoba, caminan a su lado. Los políticos y los periodistas invaden el carril-bici, y una viandante reprocha el mal ejemplo. «Ministro, dese la vuelta para que salgan las galerías en la foto», le piden, y para y posa. Los coches oficiales siguen a la comitiva a veinte por hora y montan un atasco en la avenida de la Marina. Estrellas de los fogones En el muy apropiado salón Isla del hotel de cinco estrellas toca presentar Pescados del Cantábrico y del Noroeste: recetas maestras . Camino del escenario , alguien le llama jefe, y Cañete matiza: «Aquí no hay jefes, todos somos indios». Veintinueve estrellas de los fogones, incluidos los cocineros de la Domus y A Estación (Cambre), pintan en este libro exquisiteces a las que, en las fotos a toda página, entran ganas de hincarle el diente. Tras la presentación, con la que su ministerio culmina una campaña de promoción de los pescados, el ministro invita a picar estas delicias de libro: «Hay que pasar del dicho al hecho, y no hay mucho trecho». La comida, en efecto, aguarda en el salón contiguo. Los ppopulares piden que les dedique el libro. ¿Un absurdo? «Bueno, firma el prólogo», justifica un cañetista .


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