R. D. SEOANE
LA ENTREVISTA
Eloy Fernández Corral, director médico del San Rafael Es un coruñés de vuelta y media. Eloy Fernández Corral abandonó su ciudad con la llamada de la independencia. Especialista en Medicina Intensiva y Unidades Coronarias, se entregó a la profesión por media España, de Madrid a Cataluña pasando por Cádiz con escala de larga duración en la prestigiosa Clínica Ruber. Después, eligió entre proyección e interior, entre carrera laboral y personal. Lo tentaron desde el San Rafael, y regresó. Siete años lleva al frente del centro.
Dio el paso a la gestión sin abandonar la bata blanca con la que entró en el San Rafael para marcar el inicio de una nueva etapa en el hospital.
-Haga balance.
-Mi punto de vista puede no ser muy válido. Mis experiencias pertenecen a otros ámbitos, sobre todo Madrid y Cataluña, y en ese sentido soy un poco extraterrestre. Pero uno es esclavo de sus experiencias y me cabe decir que aquí, en nuestro ámbito y con un gran esfuerzo de muchas personas se ha avanzado mucho.
-¿Hacia dónde?
-El San Rafael tiene 30 años, pero gracias al empuje de su fundador, el doctor Hervada, se ha planteado un cambio estratégico revolucionario para adaptarse a las necesidades. Es un hospital abierto en todos los sentidos. Lo que lo caracteriza es que se está configurando como un centro de cirugía mínimamente invasiva y especialidades altamente tecnificadas, como nefrología, traumatología... Apuntamos hacia cortas estancias médicas reduciendo la parte de hospital-hostal, aunque sin prescindir de ella porque hay un sector de la población, la envejecida, que la necesita.
-Algún mérito le corresponderá al director.
-El único que puedo atribuirme, por años, no por otra cosa, es haber tenido la intuición de seleccionar al personal. El director de un hospital es como un jefe de estación, tiene que facilitar el tráfico, dejar andar los vagones solos. Si tienes que fiscalizar, malo.
-Los recursos siempre condicionan.
-Efectivamente. Pero un hospital es igual a sus recursos humanos, vale lo que su gente. Las instalaciones no son un valor absoluto. En el sector privado, los diez centros de cabecera en España no son los de mejores instalaciones o tecnología, sino los de mejor personal, médico y de enfermería. Sin ellos puedes tener el mejor cementerio, pero no el mejor hospital.