La suerte es del que se la hace
Carballo
Un pescador jubilado de Corme se salva de un naufragio gracias al salvavidas y a la rápida intervención de sus vecinos
03 May 2003. Actualizado a las 07:00 h.
?amón Chans Costa «é pescador de nacemento». Así lo definió ayer su esposa al ser preguntada por el oficio de su marido, que está jubilado desde hace 10 años. Esta profesionalidad que, al parecer lleva en los genes, lo salvó ayer de una muerte casi segura. Eso y la suerte. Eran las once de la mañana y Ramón, que andaba al curricán, iba virando la línea cerca del bajo Mar de Bairuga, a unos 300 metros, mar adentro, del mirador del camino de O Roncudo. Atento a la faena, a este pescador de nacimiento lo sorprendió un golpe de mar que volcó su embarcación y la mandó a pique. Entre que la lancha se topó con la ola hasta que Ramón se encontró en el mar pasaron apenas unos segundos, tiempo suficiente para que el pensionista agarrara el aro salvavidas. Con él entorno al bajo las axilas fue avistado por Inocencio Suárez, su vecino y patrón del Naveiro, a los pocos minutos de caer al agua. Un rescate tan rápido sólo puede ser debido a la suerte, sobre todo en un día en que toda la flota de Corme está amarrada. El accidente de Ramón Chans fue conocido unos minutos después de producirse. La costumbre de los cormeláns de pasear por el camino de O Roncudo lo salvó. Una pareja lo vio en el mar y corrió al puerto. A pocos metros se toparon con un conductor que iba a por miñoca y los llevó hasta el muelle, donde en teoría no tenía por que haber nadie. Sí lo había, Inocencio Suárez había ido a recoger su coche para pasar un día de descanso en A Coruña y se topó con la noticia. Embarcar en el Naveiro y poner rumbo al Roncudo fue cosa de nada. Lo más curioso es que la suerte de Ramón no sólo surtió efecto sobre sus vecinos, sino que también llegó hasta los medios públicos. Apenas tres minutos después de que el Naveiro llegara hasta el náufrago, ya estaban allí una lancha de la Xunta, el Helimer Galicia y la Ataín de la Cruz Roja de Laxe. Entre todos pudieron recuperar la lancha. Según Inocencio, cuando llegó hasta Ramón, éste estaba «tan pancho», pero, para su mujer, que es percebeira, «susto tivo que levar». No debió ser muy grande, porque así que se cambió de ropa, volvió al puerto para interesarse por su barca.