La Voz de Galicia

Pleitesía

Barbanza

Estevo Silva Piñeiro

04 Sep 2017. Actualizado a las 05:00 h.

Esta semana me sorprendió profundamente saber por boca de un estimado colega su inclusión en las listas del paro. Pensará usted que no es para tanto que alguien engrose las filas del antiguo Inem -este mes serán miles y miles- pero mi amigo llevaba tres lustros currando duramente en una empresa barbanzana como indefinido. Y claro, le tuve que preguntar la causa.

Su respuesta me sorprendió y no. Estaba harto de malos tratos, de desprecios y de insultos. Harto de aguantar el mal humor del jefe. Supongo que esta historia les suena. Abundan los jefes, encargadillos y capataces que abusan de su posición a base de insultos y desprecios. Yo mismo lo he comprobado en mis carnes alguna vez, y no es fácil soportar que alguien con la cultura de un adoquín, que acumula por todo mérito ser un pelota o un chivato, se desahogue en una persona que está trabajando. Y es casi peor cuando se trata de los jefes.

¿Qué ejemplo puede dar un patrón que entra vociferando en la fábrica, almacén u oficina de turno? Pues un ejemplo asqueroso, como su comportamiento. Y ahora con la reforma laboral ni te cuento. Es así cuando se merma la producción y la moral de una empresa, lumbreras. Por supuesto que habrá trabajadores que precisen un toque de atención o más, pero para desahogar frustraciones personales están los psicólogos, los amigos u otros servicios.

Mientras en la Europa de verdad se ponen guarderías, zonas de descanso para los trabajadores y se pagan sueldos decentes; aquí se vocifera, se obliga al obrero que haga horas gratis y rinda pleitesía al amo blanco. Suspiren, y rebélense.


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