CLAUSTRO DE PENA DOURO
Barbanza
CARLOS GARCÍA BAYÓN PIEDRAS ILUSTRES
25 Feb 2002. Actualizado a las 06:00 h.
El claustro del pazo Pena Douro, en Noia, es el del monasterio de Toxos Outos. En realidad, el pazo es el fanal donde anida el claustro con máximo esplendor. El citado monasterio, alzado casi en la cumbre de la Barbanza de San Xusto, junto al río de su nombre, tras siglos de trabajos y penitencias, cayó en el ocaso y luego en la ruina. En su pesadumbre de piedras y abandonos lo que más lucía era el claustro románico con su procesión mística de columnas dobles, capiteles, arcos... En el centro, una fuente manaba gracia inútilmente. Nadie rezaba, nadie vivía a su orilla, nadie se apiadaba del arte, de la belleza de aquel oratorio silencioso. ¿Qué años podría aún mantenerse en pie sin convertirse en escombros? El vizconde de San Alberto, don José Varela de Limia, señor del citado pazo de Pena Douro, al reconstruir éste y disponerlo al estilo compostelano, quiso engalanarlo con antigüedades procedentes de diversas fuentes. Un día tuvo la feliz idea de rescatar de Barbanza, del monasterio de Toxos Outos donde agonizaba olvidado, el claustro. Movió Santiago con Roma y por un puñadito de pesetas, lo compró y lo dispuso en el patio central del pazo. Gracias a esta aventura pudo salvarse de la muerte tanta belleza. El dibujo ofrece un gracioso perfil de la obra. No es fácil visitar el claustro, pero, si se logra, la emoción artística está asegurada y uno puede imaginarse a los viejos frailes románicos paseando y rezando por la salvación del universo. ¿Cuántas bellezas no reclaman a orillas de las corredoiras la mano de un vizconde que las salve de la muerte? Pero vizcondes inteligentes y sentimentales hay pocos. Uno ruega un padrenuestro por su memoria y otro padrenuestro para que el claustro pueda visitarse sin problemas. ¿No hizo Dios la belleza para alimentar a los hombres, a todos los hombres?