«Platero» en el monte del olvido
Barbanza
Un joven de Portosín movió Roma con Santiago para que alguien se hiciese cargo de un burro abandonado «Perdido como un pato en el Manzanares,...», cantaba hace días en Santiago el incombustible y sempiterno Sabina. Esa misma sensación de pérdida del Norte, debió de sentir el burro que apareció en un monte de Portosín, sin que nadie abriera la boca para decir «este animal es mío». El asno «malvivió» tendido a la entrada del campo de fútbol durante once días. Una asociación protectora lo «rescató» el pasado sábado.
29 Sep 2015. Actualizado a las 16:42 h.
Bien podría llamarse Juan Ramón Jiménez o San Francisco de Asís, pero no. Responde al nombre de Manuel y vive en Portosín, en O Son. El miércoles 26 de julio, este joven regresaba de dar un paseo por el monte con su perro cuando se topó en su camino con algo insólito por esos parajes: nada más y nada menos que un burro. Sólo bastaba echar un simple vistazo para encasillar al animal en el colectivo de la tercera edad. Manuel se dirigió a su casa, donde emprendió una larga travesía por el desierto de las líneas telefónicas. Contactó con SOS Galicia, Protección Civil, Seprona, Policía Local de O Son, sociedades protectoras de animales y a la asociación Amigos del Burro (Amiburro) de la comunidad autónoma de Madrid, entre otras entidades. Sus deseos de hallar un hogar definitivo en el que este platero flaco y cansado disfrutase de su jubilación caían, llamada tras llamada, en saco roto. Mientras transcurrían los días sin solución en ciernes, el asno yacía postrado a los pies de las taquillas del campo de fútbol de Trapa, rodeado por sus propias heces y, en consecuencia, sobrevolado por una enorme pandilla de moscas. Por orden del Concello sonense, un veterinario examinó al burro con un único diagnóstico como moraleja: las secuelas de la inevitable vejez, que no la necesidad de acelerar su momento resquiescat in pace. Voluntarios de protección civil se encargaban de llevar cada día al asno pienso y bebida. Manuel hasta depositaba en su boca barras de pan y manzanas, que el solípedo engullía con una voracidad de pasmo en posición decúbito lateral. Hasta el dueño de la finca en la que fue visto por primera vez le colocó unas herraduras nuevas. Intento frustrado El pasado viernes, Manuel, al borde ya de la desesperación, logró contactar, a través de Amiburro, con un empresario de Arteixo dispuesto a hacerse cargo del animal con el propósito, quizás, de emplearlo en su negocio de rutas turísticas a lomos de equinos. No obstante, las obligaciones laborales de esta persona le impedían desplazarse ipso facto a Portosín, lo cual significaba posponer todavía más la emigración del asno de su particular calvario, con monte del olvido incluido. A Manuel se le iluminó el cielo cuando la redactora de La Voz de Galicia Mónica Lázaro le facilitó el número de teléfono de la Asociación de Propietarios y Criadores de Burros Fariñeiros de Galicia, con sede en la provincia pontevedresa. Miembros de esta entidad se trasladaron a Portosín el sábado para recoger al asno. Jacobo Pérez, directivo del colectivo, informó que, tras presentar una denuncia ante el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, transportaron al burro a la finca Zamar, en Vilagarcía, donde «el animal disfrutará de la recta final de su vida de la forma más dulce y digna posible».